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lunes, 10 de agosto de 2009

ESTANCIA VII

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Allá donde el río Odiel se convierte en marismas, se encuentra Huelva.

Clara odiaba la mentira, de la que consideraba la traición como su hijastra más deleznable. Quizá fue eso lo que la impulsó a escoger como primera visita de esta ciudad, a los Jardines del Muelle. Allí, frente al monumento de Alonso Sánchez, quiso expresar su reconocimiento a quien diera a conocer la existencia de las rutas colombinas del primer viaje indiano y, al hacerlo, pretendía rendir un sentido homenaje a aquél que sin haber perseguido jamás la gloria, había quedado impreso en la memoria de Clara como el gran predescubridor del Nuevo Mundo.

Y es que, no acertaba a comprender ni la existencia ni la utilización de la mentira, no solo como arma, ni tan siquiera como valor.

El tiempo estaba bastante soleado, lo que la animó a dar un paseo por la Avenida de Francisco Montenegro hasta llegar a la Punta del Sebo. Allí, frente a la estatua de Cristóbal Colón, repasaba mentalmente el episodio que había marcado su niñez y gran parte de su adolescencia. Ella era una niña preguntona y con gran inquietud interior. Recordaba sus preguntas trascendentales, impropias de una niña de su edad y las respuestas conseguidas de sus padres, que hoy conceptuaba como historias fabulosamente falsas para no decirle la "terrible verdad". Siempre lo encontró extraño, pero ellos eran "papá y mamá", los que todo lo saben y los que la enseñaban. Su mayor desengaño fue darse cuenta de que le mentían al decirle que las hadas existían , pero no por la sorpresa de que todo el mundo urdiera y fueran cómplices de tamaña sandez, sino por la sorpresa de que aquellos en los que confiaba, la hubieran engañado, y además... ¿por qué motivo?. De mayor, nunca se lo supieron responder de una manera coherente..."por la ilusión",..."porque todo el mundo lo hace"...

Suponía que la gran mayoría se lo tomaban de otra manera y entraban a formar parte de la gran farsa en la noche de la ilusión, pero ella, que había creído que ese mundo mágico existía, ahora resultaba que era una falsedad, una invención hecha para no sabía qué y encima también era falso que podía confiar de lleno en sus padres. Se le derrumbó la seguridad y la confianza y empezó a tener miedo de enfrentarse a la vida a los siete años.

"Adorada peregrina del Sur,

Me cuentan que tu padre se marchó sin despedirse. Como quien tiene prisa por abandonar la obra terminada. Me cuentan que te hubiera gustado contarle que te había decepcionado porque cuando creciste, ya no era supermán. Me cuentan que no quieres recordar los cuentos contados en sus rodillas aquellas noches en que el mecido de su silla era vuestro caballo trotador...
Has exigido la coherencia en todo el tiempo. Te obligas a tener las mismas opiniones mañana que las que tienes hoy, ignorando que también el universo gira. Ignoras que todo el mundo, mientras a nadie perjudique, tiene derecho a cambiar y contradecirse. Y no ha de importar lo que los demás piensen, porque en cualquier caso, pensarán. A veces, la mentira es una ilusión necesaria no tanto para engañar a quien se cuenta, sino para ilusionar y ayudar a vivir al que la crea y difunde. Son locuras de la vida para avergonzar a los que se creen sabios.
Hay, querida Clara, naufragios soñados en playas de islotes sin nombre, laureles de gloria y coronas de espinas, horóscopos, biblias, coranes... A veces, son palabras que dan motivo a la vida. Y ésta que a tí tanto te conduele, es sin embargo la gran mentira que más vale la pena.
Serénate. Queda en paz con tu universo personal, porque sólo así podrás redescubrir la alegría de sorprenderte a tí misma".

En cuerpo y alma, tuyo"


Así rezaba aquella carta que encontró prendida en una flor de geranio rosa pálido, un Pelargonium radens, cuyo penetrante olor a rosa fue detectado por el sutilísimo olfato de Clara nada mas acercarse al borde de la fuente que preside la plazoleta de Las Monjas. Volvió tras sus pasos y sin rubor, quebró el esqueje y tomó su flor reventona entre las manos como símbolo de su Infancia. Decidida y tranquila, dirigió sus pasos al Cementerio Inglés. Allí, frente a la tumba de Willian Martin recordó la mundialmente famosa "Operación Mincemeat" y su corazón pareció reconciliarse con ella misma, con su universo personal y hasta con sus ausentes padres.



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3 comentarios:

juancar347 dijo...

Posiblemente no podías haber elegido la famosa 'tumba del inglés' para 'ilustrar' otra gran mentira.Era yo muy crío, cuando conocí a una persona mayor que me está recordando ahora mismo la angustia y confusión de Clara, cuando, con amargura, dijo: 'el mundo es una historia de amor y desengaño'.

Malvís dijo...

Pues efectivamente, Juancar. Me he intentado valer de esos dos eventos ( el descubrimiento colombino y la operacion Mincemeat) para justificar el texto de la carta a la protagonista "A veces, la mentira es una ilusión necesaria no tanto para engañar a quien se cuenta, sino para ilusionar y ayudar a vivir", haciendo ver que, a veces las creaciones fantasticas de la Infancia (simbolo del Pelargonium radens)como las hadas, el ratoncito Perez, la noche magica de reyes no son tramas urdidas, sino el mas valioso baul de muñecas o los soldaditos de plomo que constituyen nuestro mundo fantastico, el paraiso de la niñez.

Gracias, amigo

juancar347 dijo...

Sin duda


Publicación 2006
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