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viernes, 11 de diciembre de 2009

Antón El Pelaire


Hay cosas que no se olvidan en la vida. También yo tengo un recuerdo de aquél día. Nunca olvidaré un rosario que rezaba con mi madre al tiempo que oíamos pasar por la calle unas carretas….

Culparon de todo a los pelaires.

Estaban los pueblos inficcionados por un mal activo, maligno y contagioso. Sobrevino gran falta de pan por la acusada sequía y escasa cosecha del verano, llegando a venderse en las eras la fanega de trigo a treinta reales. Y con el poco y malo sustento, la dolencia cobró fuerza.

El viernes, 26 de junio, enfermó en la ciudad el primero de esta dolencia con una seca o tumor en la garganta y murió el lunes siguiente. Continuaron algunos enfermos y el pueblo se llenó de temor. Decretó la ciudad que tapiasen las entradas, y en las principales se pusieron guardas distribuidos por casas y familias.

La muerte se enseñoreó de la ciudad y, en particular, del arrabal donde predominaban los obreros de la industria textil y los más pobres. Por eso, todos culparon a los pelaires.

Muchos clérigos y religiosos asistieron a los apestados y murieron víctimas del contagio. Mientras tanto, el corregidor, representante del poder central del reino, abandonó la ciudad.

El ímpetu de la epidemia parecía incontenible. Todo era lástima y horror, enfermos y difuntos, llenándose los templos y cementerios de cadáveres. Afligidos y atónitos, vimos en lo ardiente de julio y agosto las cuevas y campos llenos de camas y enfermos por no caber tantos en los hospitales. Con espectáculo tan horrible, juzgábamos que el otoño, siempre enfermo, despoblaría la ciudad.

* * * * *
Antón el pelaire era un oficial activo, inquieto y bullicioso que amaba la vida. Laborioso, obrero textil que capitaneaba el gremio de la universidad de la lana y del cuero, era una persona desenvuelta y alborotadora que movía la industria y supo imprimir su huella en el estilo de la ciudad.

Pertenecía al estrato inferior del artesanado, al vulgo más bajo, al sector más desgarrado y contestatario. Era un “ uña azul”.

Vivía en habitación arrendada, de casa húmeda, destartalada e infecta, en callejuela angosta, embarrada o llena de polvo, según la época, por la que normalmente discurre el fétido albañal. No tenía más pertenencias que la ropa que llevaba puesta. Los mercaderes lo contrataban en el Azoguejo. Entraba a trabajar al amanecer. Empezaba a cardar, el oficio más cansado y de mayor trabajo de los que tiene la lana, y en el que cuanto se gana, aunque mucho fuera, todo es poco para un trabajo y cansancio tan intolerables.

A las siete de la mañana, hacía un alto para irse a almorzar: una asadura guisada con ajos, un pan y un jarro de vino. Seguía trabajando hasta mediodía cantando coplas y romances y discutiendo de política. Tiene una hora para comer y vuelta al trabajo hasta el anochecido, en que termina la jornada. Lunes y jueves cobraba a cuenta parte del jornal para alivio del ordinario gasto de su casa, y el sábado por la tarde, se le abonaba el resto. La cobranza del sábado solía desaparecer bien pronto en el juego y en la taberna de Santa Ana. En poco más de dos horas ponía en cobro, perdiendo en ilícitos juegos y borracheras, lo que no había podido ganar en muchos días sino a costa de gran sudor y cansancio.

* * * * *
Al otro lado de la calle y más inmediata a la iglesia, de la que sólo la separa una calleja estrechísima, solitaria, silenciosa, escondida, un callejón de encubrimiento que forman el muro del atrio por su parte más baja y la tapia del huerto, se halla la casa de don Içe de Gemir, el honrado sabidor, muftí y alfaquí; jurisconsulto y juez; doctor y sabio, versado en la ley religiosa y civil; intérprete y lector del santo Alcorán; el que preside la oración en la mezquita.

El atractivo que le da la belleza de su fachada exterior – un ancho arco para la puerta, unas caperuzas de tablas verdes y carcomidas para los balcones, una ventana y un corredor con hermosas labores de piedra-, le aumenta su encanto siniestro que de su interior brota, como el humo de un sangriento pebetero.

Contaba ya, por aquel entonces, Içe de Gemir, con una edad avanzada. De carácter afable y bondadoso, se distinguía por una vida tacaña, pese a que, en concepto público, contaba con un gran capital. La vida de misterio, de incomunicación, de sordidez, la atávica antipatía de nacionalidad y la leyenda de sus tesoros inmensos, guardados en casa para el sólo placer de contarlos, crearon el caldo de cultivo. La falta de educación y de pan, hicieron el resto….

El móvil fue el robo.

Un día, tras de algunos de no ver los vecinos señales de vida en la casa, la justicia que al entrar encuentra, a pocos pasos de la calle, en la escalera, al alfaquí muerto violentamente por asfixia y en las uñas de sus dedos crispados, la cal que había sido arrancada del blanqueo del muro; en la cocina, ante el hogar, la única sirvienta del caballero muftí, con la tela del delantal que llevaba sujeto a la cintura, ferozmente embutida en su boca. Se encontraron, además, un gato estrellado contra la pared.

Se desconfiaba de descubrir a los autores, cuando el inspector de policía detuvo a Antón, el pelaire. No se le encontraron las alhajas, pero los alardes de holgura y las fanfarronadas que con el gremio de los pelaires hacía los sábados en la taberna de Santa Ana, se tuvieron por prueba evidente e irrefutable.

* * * * *
La ciudad, angustiada y despavorida, apeló al cielo la intercesión de San Roque, abogado contra la pestilencia. El domingo, 8 de enero, se instituye el voto de Ciudad: celebrar la festividad de San Roque cada año con oficios y misa mayor en la Catedral, cesando los oficios serviles y vacando a la celebración de la fiesta.

La ciudad designó al abogado de pobres para que desempeñara la defensa de Antón. Terminada la vista recayó, como no tenía más remedio que ser, sentencia de muerte para el procesado. El domingo, 8 de enero, entró el reo en capilla, acompañado por las autoridades, sacerdotes y hermanos de la Caridad.

A las siete y media de la mañana salió de la cárcel el siniestro convoy, acompañado de religiosos y cofrades y rodeado de un fuerte piquete de soldados. Para cumplir la sentencia y construir el tablado correspondiente, se escogió en la Dehesa un altozano cerca del camino. Los verdugos eran los encargados de cumplir su terrible misión. La mañana estaba lluviosa y triste; el día antes había nevado y las calles estaban encharcadas. A las ocho de la mañana la ciudad parecía desierta y yo, que la recorrí, sólo recuerdo haber oído el rezo de Antón tras las rejas de la cárcel, encomendando su alma a Dios. A las tres y media de la tarde, los hermanos de la Caridad se hicieron cargo del cadáver del ajusticiado y, formando fúnebre cortejo, lo trasladaron, en carreta, al cementerio.


A mediados de aquel mismo mes, la situación de la ciudad mejoró. De tal manera que, habiendo muerto en seis meses más de diez mil personas, el miércoles salieron del Hospital de los Dolientes, más de quinientas a dar gracias a Dios en la iglesia mayor por la salud recibida de su mano.

El obispo, que en tres meses gastó más de treinta mil ducados que tomó a censo, mandó celebrar en todas las parroquias y conventos, un oficio general por los difuntos; y él mismo lo celebró de pontifical en la Catedral. Luego, partió a la corte a informar de la sanidad de la ciudad para que le restituyese el comercio y expulsara del arrabal mayor a los pelaires, hez de vulgo, gente advenediza, pólvora de repúblicas y portadores de infestas pestilencias.



Almería, Mayo de 2006.

16 comentarios:

Esca dijo...

Desde tierras mas calidas,que las frias calles de Segovia por estas fechas donde las nieblas se meten hasta los mas escodidos rincones de sus muros y cuando llega la noche sus granitos plateados del suelo mojados ya por esa niebla reflejan hitorias pasadas alguien la añora
un saludo Esca

Malvís dijo...

Lo has pillado a la primera, bribón. Efectivamente el relato está inspirado en esa callejuela entre la iglesia de San Millan segoviana y el hotelito encantador que me reserva la habitación 106 en mis prolongadas estancias, próximo a la plazuela del doctor Gila. ¿ Por qué será?.

Un abrazo.

Baruk dijo...

Pobre Anton, más le hubiera valido ser un poquillo más prudente, verdad?...aunque a veces, toda la prudencia es poca cuando "la conjura de los necios" es un hecho.

Pero Malvís, jó! que bien que escribes.


Besines

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Malvís dijo...

Gracias, Baruk. Siempre entendí que el mejor recurso para los que no sabemos escribir, es intentar decir las cosas susurrándolas al oído.

Beso

Esca dijo...

Baruk estoy contigo con tu comentario, < jó! que bien que escribes.> pero el muy jodio es cuando quiere,me explico,esta vez le he entendido todo sin necesidad de usar diccionario ,eso me divierte,es fluida y cantarina la lectura
Un saludo Esca

Malvís dijo...

Que no Esca, que no, que es que ahora me estás confundiendo con el Syr ese, que no hay quien lo entienda, pero que yo cuando escribo mis relatillos soy más transparente que la loncha de jamón de york del internado, hombre.

Lo que pasa es que a tí, esta historia te viene de antiguo y te "enganchao", porque Conoces tu Comarca.

KALMA dijo...

Hola Malvís: "a perro flaco, todo se le vuelven pulgas".
Tienes una forma de escribir, que he ido con Antón paso, a paso ¡De la mano! Aunque al final he dicho "salgo volando! jjjj.
Describes los sitios, que aun sin saber a donde te refieres, como no te conozco, es una delicia, dan ganas de preguntar ¿Donde? Aunque en este caso...
Un abrazo.

juancar347 dijo...

Imaginariamente histórico, condimentado con esa agileza de pluma que transmite el corazón y no el cerebro. Posiblemente por eso me guste tanto como escribes y como, a la vez, transmites con maestría tus propias vivencias. No es que admire a Syr, sino que más bien (y que el otro me perdone) siento admiración por Malvís. Un abrazo

Esca dijo...

Estoy contigo Juancar,aunque se moleste un poco Syr,pero a mi me gusta mas Malvis,
Un saludo Esca

Fesndes del Caballo Rojo dijo...

Escribe bien este Syr, aunque Malvis tambien me seduce más, como a Juancar. En todo caso, junto con Manolo, es como la santísma: tres personas en una y un gran amigo verdadero. Con él se produce el milagro del espejo roto; cada trocito refleja la misma bondad que el original entero. Yo siempre llevo uno de ellos en el bolsillo de la camisa, junto al corazón.

Saludos a todos: a los que tienen frío les deseo una buena chimenea y un lechazo (uno vez comí algo así en casa de un familia encantadora de Cantalejo...un señor agradable, una señora muy dulce...)
Un amigo me dijo ayer que el románico con nieve es lo mejor del mundo...sería cosa de comprobarlo.

Bueno, salud, mantecados, anís del mono y vino de Montilla Moriles a los que fueron a Cordoba...Yo me quedé en tierra, a cubrir la retaguardia.

Un abrazo.

Malvís dijo...

Hola Juankar. Efectivamente imaginariamente histórico tanto los hechos como los propios escenarios. Pero ya sabes tú el mecanismo de su creación, pues no en vano pudiste contemplar cómo los lugares y personajes del Pelargonium, también existen y la grandeza de que lo imaginado pueda compartirse con vosotros reviviéndolo.

Kalma, no te cortes y cuando quieras o no lo identifiques, pregúntalo y te diré dónde, cuándo y porqué surgió. Gracias por sobrevolar la Fraga.

Esca, machote, a mí también. El Syr ese es un "engominao" y engreído que no tiene pajolera, pero escribe para vacilar al personal. Yo por eso, cuando salís con el grupo, si va él yo no voy.

Amigo Fende. Mi alter ego del alma. Gracias por tus palabras. Y, siendo sincero, a mi de los tres, puestos a quedarme, casi me quedo con Manolo que, aunque no sabe escribir, el tío hace un pez escopeta a la cuajadera, que te chupas los deos.

Pilara dijo...

Yo también me quedo con Manolo... para qué vamos a filosofías...que el estómago es un órgano muy sensible y hay que cuidarlo con mucha delicadeza . Después ya entraremos en valoraciones más profundas ... aunque las comparaciones son siempre odiosas...
Y querido Fende ...se le ha olvidado a usted el Tio Pepe que me acompañó desde Jeréz.

Syr dijo...

No comprendo que tiene ese patán lacrimógeno que ha sido capaz, a raíz de una sóla línea de Baruk, dedesencadenar un torrente de adhesiones que han acabado por convertir los comentarios en una tangente sobre el relato para convertirlo en un miércoles de nominaciones de la casa del Gran Hermano.

Tomo nota de ello y más os vale no probar gota de alcohol estas Navidades, porque como deís positivo en el control, vais a tener que nombrar abogado de oficio.

¡ Cría cuervos...¡

Baruk dijo...

Di que sí Syr! Tu no hagas caso, no les escuches, mira que nominarte con lo bonico que tu eres!

... Que tendrán ese Malvís o el tal Manolo que no tengas tú?!! venga hombre!


Salud y románico!!


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LAQUEDUERMECONPEDRO dijo...

Si es que sobre gustos... no hay nada escrito... Para gustos... los colores...
Y a cada cual lo suyo que luego cada uno arrima el ascua a su sardina sabiendo del pié que cojea y algunos criando fama se echan a dormir...que dos cabezas piensan mejor que una...¡Y ya no digamos...tres!
Así es que cada santo aguante su vela que luego es el mismo perro con otro collar y cada mono sabe al palo al que trepa.
Y como ya es sabido... a barriga llena corazón contento.

Y como dice mi abuela...Si todos pensásemos igual este mundo se volcaría...
Está claro, pues más el agua.

Baruk dijo...

Estaba pensando en Anton el Pelaire cuando he caido en cuenta que yo lo he conocido!

De pequeña mi madre decía: "hemos de llamar al Pelaire que el colchón ya esta muy duro!!"

Lo recuerdo, venía con una vara y esparcia la lana en el terrado de la casa, luego la aireaba y la peinaba para acabar recomponiendo de nuevo el colchón.

De hecho, gracias al Pelaire, las espaldas de los vecinos mejoraban en su descanso nocturno.

Creo qe ya no quedan pelaires (al menos por aquí).

Fijate, lo que no pudo la peste con San Roque incluido -eliminar a los pelaires- lo ha conseguido la tecnologia del Pikolin!!




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Publicación 2006
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