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martes, 14 de octubre de 2008

a escondidas

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El instante en que yo nací
Las dos luminarias conspiraron
Como signo de disconformidad
Una a la otra su brillantez ocultaron

Para paliar esa disyuntiva
Mi Madre me otorgó un nombre de luz
El cual me acompaño durante mi vida
Indicando aquello que se me había ocultado al nacer
y el lugar donde se halla

Las luminarias pasaran
Más no mi nombre
Y no por él
Sino por lo que guarda
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3 comentarios:

Malvís dijo...

Nada es capaz de ocultar a aguien, pues la vida siempre encuentra camino. Luz y tinieblas se encuentran, pero ni siquiera entonces nada es realmente claro o totalmente oscuro. En ese momento, se pone a prueba el equilibrio del planeta y del hombre. Y si ello no te asusta, con la oscuridad, la noche pasa y un nuevo sol volverá a brillar.

Y tú, ya brillas

pallaferro dijo...

Cuando en el cielo se descubría una nueva estrella, o un cometa, u ocurria un eclipse, era señal que alguien importante iba a nacer en la Tierra.

Jo, d'això ara n'estic segur!

Eduard dijo...

Sol y Luna acudieron a presenciar tu nacimiento. Pero la Luna se puso delante y, cual Alejandro a Diógenes, te ofreció lo que quisieras. Y tú le pediste que se apartara, que le tapabas el Sol.

La Luna, enamorada de tu seguridad y criterio propio; y el Sol, alagado por ser el protagonista del deseo solicitado; ambos te rindieron sus honores. Te impregnaron con su esencia y tú, desde entonces, mantienes el dual equilibrio. Mezclas con templanza ambos aspectos en tu ser, en tu alma y en tu espíritu.

Y guardas en tu nombre, para siempre, el secreto de estas fuerzas.


Publicación 2006
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