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martes, 17 de junio de 2008

Crónica de una comida de hermandad entre antiguas (que no viejas) alumnas

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..I.- MEJORANDO CON EL TIEMPO.
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Veinticinco años hacia atrás de golpe, sin apenas previo aviso, ha sido una experiencia única e impactante.
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Al principio cuando me comunicaron la reunión y su motivo me pareció mentira y conté casi con los dedos, para comprobar si era cierto el cuarto de siglo que había transcurrido desde la finalización de COU. Una vez aceptado el paso del tiempo pensé que mis obligaciones familiares serían lo suficientemente absorbentes para impedirme acudir a la llamada, pero hubo insistencia, incluso por parte de personas que ya pensaba perdidas para siempre. Esto, junto con el apoyo y el ánimo por parte de mi otra mitad hizo que me decidiese a asistir. Menos mal, me hubiera perdido un montón de sentimientos, emociones y recuerdos que estuvieron durante horas embargándonos a todos los asistentes al acto.

En un principio la duda …fuera filosofías ¿qué me pongo?, después de tanto tiempo una quiere presentar su mejor imagen, quiere aparecer cuidada pero sin perder naturalidad. No podía parecer endomingada y cualquier cosa que me ponía la veía inapropiada por uno u otro motivo. Mis hijas me decían que parecía una quinceañera… ¡La regresión había comenzado!

Llamé varias veces a “mi compañera”, primero para animarla y quedar, luego para consultar dudas sobre el atuendo y hacer los últimos preparativos. ¡Era la vuelta al pasado! Desde su casa nos iríamos al punto de reunión, igual que hace veinticinco años cuando celebramos nuestra salida del colegio que nos acogió para nuestra formación durante largo tiempo.
Después del cursillo de “supertacones” y, aunque parezca extraño y contradictorio, con dudas y decisión nos encaminamos despacio a nuestro encuentro con el pasado. Todo lo favorecía, hasta el piropo de ánimo que recibimos por el Paseo de una voz querida y amiga: “¡Esas cuarentonas! ¡Marcando pecho!”.

Llegamos las primeras y esperamos estratégicamente (como el resto) a que abriesen la puerta del centro… Era cierto, la máquina del tiempo había funcionado. Allí estábamos otra vez en el hall de entrada, que no había cambiado ni un ápice excepto en el tamaño; todo era manifiestamente más pequeño. Empezaron los saludos, las miradas de reconocimiento, el preguntar por nombres y el volver a reencontrarse después de esta brusca marcha atrás.
Luego las fotos, el recorrido de reconocimiento de lugares antaño tan frecuentados, los recuerdos, las anécdotas, la señal del techo de la capilla que te hace viajar rápidamente a la adolescencia y a las travesuras de juventud. Todas seguimos igual, en esencia, las voces, los gestos, las risas, los dejes, las expresiones, las actitudes,… todo te arrastra y te conduce cada vez más deprisa al pasado.

En la iglesia entramos desordenadamente, hablando alto y casi con descompostura, se pone de manifiesto la falta de organización y premeditación. La Madre Milagrosa nos invita estridente a cantar el “Mil Albricias”, la mayoría se resiste a seguirla, continuamos igual, éramos una promoción indisciplinada, poco dócil, traviesa y rebelde.

En el camino hacia el restaurante hicimos comentarios con el único profesor asistente, Julián, ahora, con la edad, entre iguales, sin miedo a la valoración y la nota final. Con la Madre Mercedes el casi único y eterno tema es su esplendido estado de conservación. Los años no hacen mella en su persona ¡Qué resistencia! Y el ánimo… invariable. Es “Matemática” pero con mucha sensibilidad.
En la Plaza de la Catedral nos encontramos con la representación masculina de la Promoción. ¡Qué pena que sea tan escasa! ¡Sólo dos! ¿Y esa valentía…? ¡Esos hombres! La distribución en las mesas se ha hecho de forma natural, las afinidades de entonces se siguen manteniendo y desde tu grupo “de siempre” haces incursiones en el resto para saludar y hablar, como es propio en este caso, del “pasado”.

Me pongo a pensar después de algunos comentarios oídos que no sé mucho de nadie ni en el terreno personal ni profesional, pero la verdad es que no me afecta, imagino que intentarán vivir su vida como mejor puedan. Yo ahora les veo contentos y eso es lo que me importa, no me apetece saber interioridades, ni estatus, y agradezco que los comentarios en su mayoría no vayan por esos derroteros. Prefiero contar anécdotas de entonces, que pertenecen a la memoria común o que compartimos, recordándonoslas los unos a los otros.

En la comida estoy a la vera de mi amiga, desde la infancia, María del Mar Vélez, con mi compañera de adolescencia, Mercedes López, y en la mesa hay también amigas como Carmen Vega, María José Rueda, Juan Alcoba, María José Ortiz, Paola Estevez y Piedad Alcalá (pariente al cabo de los tiempos, ¡qué pequeño es el mundo!).


Las conversaciones fluyen: los hijos, los cónyuges, los padres, problemas en las relaciones y cómo se afrontan de la mejor manera, permitiéndote seguir vivo y con ganas de levantarte cada día. La cuestión está en ir ganándole batallas a la vida que te permitan afianzarte y tomar carrerilla, aunque luego, qué ironía, la guerra siempre está perdida.
Al final, como sin quererlo, acabamos hablando del ausente Antonio Vélez, muerto prematuramente, que permanece en mi recuerdo juvenil con vitalidad, camisa azul, pelo revuelto y … su moto, ya eterna compañera.

Los discursos se suceden y hay palabras que mueven sentimientos y logran que afloren lágrimas en algunas de nosotras. La animación, como en otros tiempos, viene de las ahora televisivas Carmen Borja y María del Mar, actualmente conocida por dar las noticias en Canal Sur al más típico estilo Arteaga. Las horas pasan casi sin sentir; tengo la impresión de estar saltándome una clase. Como hace más de veinticinco años, seguimos reuniéndonos en un sótano para hacer novillos, lo que no sé es si alguien, como entonces, estaría dispuesta a justificar mi falta, suplantando la personalidad materna, asegurando que la ausencia ha sido debida a “fuertes dolores menstruales”.

Las obligaciones personales hacen que, poco a poco, la reunión vaya disolviéndose. Me resisto a abandonarla pero los “deberes” siguen siendo ineludibles. Con la despedida compruebo que la regresión ha sido intensa, cuando una compañera, de la más tierna infancia, dirigiéndose a mí directamente, tan expresiva, animosa y alegre como yo la recordaba, asegura, argumentando vivaz: “Esta es la niña más buena del colegio”. Me emociona y me sorprende la inocencia en sus palabras. Sí, me gusta que me recuerden como una persona buena, que el poso que quede de mí al paso del tiempo sea la bondad. Creo que es herencia paterna y algo tendrá que ver también en ello el proceso educativo.

Os puedo asegurar que en este instante estoy llena de buenos sentimientos, imagino que recíprocos, hacia todos vosotros que habéis sido compañeros durante largos años del viaje que es mi vida.

¡Espero que la experiencia se repita!

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¡Esas cuarentonas! ¡Marcando pecho!




II.- EL REVERSO



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Durante el aniversario del sábado anterior, mi parte más crítica tampoco dejó de funcionar, observé actitudes, comentarios y situaciones que no me agradaron pero quizás por higiene mental los ignoré, los evité y procuré en todo momento vivir la parte positiva con la mejor disposición.

No habíamos saludado aun a tres personas cuando alguien irreconocible se acercó a mi de forma amigable, por el tono de voz , la bombilla se encendió rápidamente y grité : ¡Micaela! . Antes de poder reaccionar me ametralló , a mí y a todo el grupito reunido, con una sarta de sandeces vagas que nadie le había preguntado, eso sí todo sonaba ostentoso, muy cosmopolita, y con mucho aire de grandeza : …” Me casé y me fui a Canarias, con un trabajo la mar de importante, me separé hace x años … (tantos, si no le ha dado tiempo a estar casada). He vivido, así mismo en Londres y en Alemania … ejerciendo actividades de gran responsabilidad. He llegado, en mi profesión, (la cual no mencionó en ningún momento, ni yo le pregunté … ¡Dios me valga!) a lo más alto. Y … cuando me demostré que podía llegar donde había soñado, lo vendí todo y volví a Roquetas. Ahora ayudo a mi hermano en (el heredado) Consulado Alemán” … Acaba la perorata, cuando aparece una antigua compañera, diciendo de la nueva : “ ¡Es Fulanita!” … Apostillando por lo bajo : “¡ Es juez !” …

¡¡ Bien empezamos !! Justo a lo que no venía. Seguiremos tanteando otros lares.

Con “la niña del cristal” no sé si fue frustrante o ya lo esperaba . A su comentario de que no nos habíamos visto nunca le digo que en alguna ocasión sí, quizás por la zona de la playa, puede ser que algún sábado en el mercadillo… A lo que me contestó muy afectada: …“ Entonces si que no, yo no voy nunca a esos sitios”… Claro chica, pienso para mis adentros, a ti sacándote de Hermés, Loewe y del Barrio de Salamanca … ¡¡Pues no sabes lo que te pierdes!! …

¡¡ Seguimos bien !!

La Señora Jueza también tiene sus cinco minutos de estupidez, como todo quisque que se precie, y se pasa un tiempecito grabando con el objetivo taponado a cal y canto, desoyendo , en todo momento, los insistentes comentarios de todas las demás instándole a que abra los ojos. Pero, claro, lo que no acabamos de entender, el común de los mortales, es que era una metáfora de la ceguera de la Justicia. Cuando es consciente de la situación, dice imperturbable : “ Luego grabaré más …”

Me recojo con mis compañeras de siempre y procuro no hablar o mejor que no me hable nadie por el momento … Me estoy recomponiendo.

Al final de la comida , Milagrosa tiene un tono de falso candor, como intentando mover en “algunos” lo que quede de inocencia y que la pongan a su servicio … Se pasea entre las mesas con una libretita y un bolígrafo, pegados al pecho, escudriñando al personal. Le digo a mi amiga Mercedes : “No te preocupes a ti y a mi no nos preguntará el teléfono, eso es sólo para las VIP”…

Yo recuerdo, en una ocasión, hace años que busqué a Milagrosa por algo que me interesaba a mi y también a su apostolado cristiano, pensé inocentemente. Como último recurso y para librarse de mi, me pidió el número de teléfono para darme contestación, pero aun estoy esperando la llamada.
La situación se resolvió con sentido común y gracias a la madurez, inteligencia y responsabilidad de mi hija mayor, de la que me siento profundamente orgullosa, por ella misma y por la mínima parte que a mi me toque.
¡Gracias!...


¡ Por sus actos los conoceréis !


(Colegio “Stella Maris” - 30 de Junio de 1981 - 17 de Junio de 2006)

Publicación 2006
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