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viernes, 27 de septiembre de 2019

La extraña llamada.




Ya casado y con 35 años cumplidos, una noche recibí una extraña llamada. Al teléfono una persona que se identificaba como ex alumno de los hermanos Maristas de Lleida me proponía una cena de exalumnos, veinte años más tarde de mi salida del centro. "Para recordar aquello que pasamos", me dice. Decliné cortésmente su invitación sin que aquella persona supiese la tormenta que acababa de desencadenar en mi fuero interno. Y es que el día que abandoné aquel centro educativo, quedó marcado a fuego en mi memoria, y a la vez entró en un deseado olvido, porque yo quería, sobre todo, olvidar.

Olvidar algo que en cierta manera me avergonzaba.

Veinte años más tarde, no hace mucho, desayuno con la noticia en el diario local de que exalumnos  de los Maristas denuncian a un "hermano", (pues así se les llama a los que "han hecho los votos"), por abusos sexuales cometidos en la década de los 80. Cuando llego aquel día del trabajo a casa, mi cónyuge me interroga: ¿Tu estuviste entonces allí, no?. Y entonces le cuento lo que a nadie conté jamás, ni a mi propia esposa. Que fui víctima de abusos de aquel señor que citan en la noticia. Noticia que se repite días más tarde para informar de que ya hay tantos ex alumnos que reportan abusos y que se va a presentar una denuncia contra este señor, ya fallecido, para.... (no he conseguido saber para qué, ellos dicen que para que no se repitan estos abusos y tal...). Se publica la foto y el nombre del individuo en el periódico local y vuelvo a ver aquel nombre y  aquel rostro que me costó años "olvidar", y revivo mentalmente momentos muy desagradables. Me vienen a visitar fantasmas del pasado que ni eran esperados ni mucho menos bien recibidos. Lo evitaba siempre que podía, yo era de "los chicos del coro" y él tocaba el órgano. (Aquí chiste fácil que se hace solo). Quiero decir que trataba de llegar al coro tarde, cuando él ya tenía las manos ocupadas.

Los casos contra curas y Maristas se habían hecho un hueco en las noticias de periódicos de ámbito nacional y yo callaba, aún viendo cómo las denuncias se sucedían en provincias aledañas. A veces, algunas veces, a lo largo de tantos años, si me volvía el recuerdo, pensaba en aquello y lo odiaba con toda mi alma. Pensaba: "¡Eramos unos niños, joder, y te aprovechaste de nosotros!, te odio por todo éllo....malnacido...así ardas en el infierno."

Pero es que años antes de todo esto, antes de las denuncias, antes de la publicación de la foto del pollo y del relato de sus fechorías  en las revisiones médicas anuales, mucho antes, escuché un relato que me hizo trizas por dentro. Y además lo escuché allí: "Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: el que de ustedes esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando por ancianos; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?. Ella dijo: ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: ni yo te condeno; vete, y no peques más."

Y en base a la enseñanza de este relato, yo que soy ateo, entendí que mi propia vida no era un ejemplo a seguir, que quizás nunca abusé de nadie, pero que seguro hice daño alguna vez de manera inconsciente con mi actitud. Entiendo que no puedo tirar la primera piedra ni aunque la tenga en la mano.

Pero es que además, ahora que ya peino canas donde no se peinan, vi claramente que aquel hombre era más esclavo que dueño de su pasión (como yo quizá lo haya sido más de una vez). No era un "hombre malvado" como tal, de hecho su rostro era inspirador de confianza y sus "encuentros" eran más "dulces" que abruptos. Dióme este hombre la misma pena y lástima que yo merezco cuando me dejo llevar por mis deseos. Así que, años antes de que llegasen las denuncias, años antes de que se publicase su foto yo...ya le había perdonado, perdonado porque no podía vengarme puede pensar alguno. Sí, es más humana la venganza que el perdón, pero yo le había perdonado.

Le perdoné con el perdón que para mi deseo cuando me pongo de patas, con el perdón que pido cuando hago daño y no me doy cuenta.

Le perdoné, en la medida que pude, con aquel perdón de Cristo que entienden hasta los que no tenemos dios.




miércoles, 13 de enero de 2016

Elogio al abuelo del Vespino.





El abuelo del Vespino, Derby o Mobilette, es un tipo humano del que ya quedan pocos ejemplares. Pueden verse éstos en el ámbito rural principalmente, siendo el pueblo su medio natural. Para desplazarse hasta la parcela que cultivan suelen usar una motocicleta de las marcas ya citadas. Llevan por lo general una caja frutera sujeta tras el asiento donde ponen la azada y los productos que cosechan. Suelen llevar en ella un perro pequeño, mestizo, que daría la vida por su amo sin pensarlo, de una fiereza extrema ante el intruso que ose acercarse, o al menos eso creen ellos.

Estos jubilados son hijos de una infancia y de una época donde hubo hambre y no sólo de pan. Cuando hablan en los bares siempre es de cosas realmente importantes: del tempero, de si maduran bien los tomates, si es tiempo ya de sembrar los ajos y en general de cómo anda la huerta. A veces tienen algunos animales, no muchos: gallinas, algún corderillo... A pesar del mimo con que los crían, los degüellan en su día sin atisbo alguno de compasión. Pocos han comprendido como ellos la primera y más cruda de las leyes naturales de la supervivencia.

Por las experiencias vividas, su adaptación al medio es de una sabiduría que pasma al que la desconoce. Se les ve en primavera a veces, andando con aire alelado y con una bolsa en la mano por las cunetas que han segado los de Fomento. Ellos recuerdan perfectamente dónde crecían las esparragueras y recogen los tiernos brotes que se apresuran a salir tras las primeras lluvias. Y así, mientras el aire de Mayo trae flotando a la huerta el olor del romero y de la tierra mojada, el abuelo en la cabaña da cuenta de su manjar recién cogido, más fresco que el lucero del alba, canturreando frente a la sartén.

En otras ocasiones por los caminos circulando muy quedo, se paran, se adentran en los bancales y vuelven a salir sin motivo aparente. Conocen sobradamente las choperas y allí donde antiguos tocones crían las setas más finas. Y así, cuando el cielo de Septiembre viste su azul con el raso de los lirios, el abuelo remueve en la cazuela el preciado botín con su cuchara de madera.


Los abuelos del Vespino saben más que los ratones coloraos y no hay quien los alcance ni de lejos en su apolille y merme de los recursos a su alcance. Se atreven a veces incluso a ejercer de apicultores de panales salvajes que encuentran en su merodeo. Y así, mientras el sol de Agosto se filtra entre las uvas de la parra, el abuelo se relame los dedos de lo que se le cae de la tostada.

Reyes y maestros de la rebusca, fueron disciplinados en ella por sus propios padres a los que solían acompañar de pequeños. De este modo es fácil verlos por bancales de cebollas, almendros, olivos... Allí donde algo ha quedado, están ellos. Van y vienen con su motocicleta ahora con medio saco de aceitunas, luego con otro medio de almendras o nueces, después con una pequeña carga de leña. Su actividad en casos así es imparable.

De todos los árboles silvestres del término tienen noticia regular sin que jamás se les haya perdido cosecha alguna por desidia. Antes al contrario, llegan a la sazón de los frutos un minuto después que los pájaros, y siguiendo la norma tácita del pobre, sacian al estómago antes de llenar la bolsa. Albaricoqueros, almendros, cerezos, ciruelos, higueras, membrilleros y nogales diseminados están todos bajo la invisible custodia de estos hombres.

Y así, cuando llega el crudo invierno y la parcela se tiñe del color de la ceniza, al abuelo siempre le pilla junto al fuego, ora desplumando unos tordos, ora degustando sus conservas, pimientos, tomates y berenjenas, pisto, buen aceite al pan y vino.



El Antonio es uno de éstos, al que yo un día ayudo a trasvasar el vino de una barrica a otra. Después de ello desayunamos al calor de la lumbre en la misma parcela, dentro de la caseta. El perro husmea las longanizas y el Antonio le grita: -¡Fuera de aquí, fascista!. Fuma Ideales y lleva boina de toda la vida. –¿Qué pasa?, dice; -Antes todo el mundo la llevaba.

Y se le humedecen los ojos cuando me cuenta su juventud, en parte por la cantidad de brandy que toma. Aunque una vez oída su historia, no entiendo cómo no va borracho todo el día. A mi también se me encoje algo por dentro con lo de los cuatro años que pasó "en el Africa", dos de mili y dos de guerra, mecagoenlaputaquelosparió. Jura, uy!, cómo jura este hombre!, comido de chinches, perdiendo su juventud. Yo pienso en la mía, y en cómo la apuré hasta el límite, mientras que a él se le pudrió en las manos lejos de su hogar.


Aún con todo, no se queja de cómo le ha tratado la vida, pues alcanzó lo que quiso y se culturizó mucho a posteriori. Su actitud ante los de mi quinta es de un desprecio que yo considero inmerecido y así se lo hago saber. Blandos e insolidarios es lo menos que nos llama. -Antes había en los pueblos una hermandad que bla, bla, bla... Cosas que a mí me suenan a que cuando los tiempos son duros, tendemos a "apretarnos" a los demás y, por nuestra condición "humana" -que es como decir baja y mezquina-, lo hacemos más por necesidad que por amor fraterno.

Él insiste e insiste: -Mira, me dice, -¿Tú, para empezar, no sabes de qué te estoy hablando, verdad?. Y yo pongo cara como de que sí. -Cuando has venido por el camino había muchas piedras ¿no?. Y le contesto: "Ya lo creo, que menudo camino de mierda que tenéis". Y me replica: -¿Pero a que tú no te has bajado del coche a sacar ninguna?, pues de ESO, de ESO, es de lo que te estoy hablando ...gilipollas". "No me quieras vender la historieta del feliz pasado de nuestros abuelos, le digo, historias del abuelo Cebolleta no, ¡eh! que tú podrías ser el mío y me has contado muchas privaciones." -Pasamos una guerra, hermano..., me dice mientras me mira a los ojos y me golpea el pecho a la vez con el revés de su mano como si yo fuera un niño. Y sigue el tipo: -Pero si lo de la economía colaborativa lo inventamos nosotros.... "Hala va!", le replico yo. -Nosotros, Rubén, nosotros... 




-Escucha esto: Llegamos a punta de día al pueblo donde mi madre recibió su herencia, llevaba desde muy joven lejos de él, viviendo en la masía de unos señores junto a varias familias. Allí nací yo. Andamos toda la noche con todos nuestros enseres en el carro del que tiraba una mula. Nuestra mula y una luz de carburo. Un vecino nos acomodó en su pajar a la entrada del pueblo junto al que había un pequeño solar. Fue mi padre a ver al alcalde y a decirle que venían a tomar posesión de las tierras heredadas. Era tiempo de siega y el pueblo a pesar de ser mediano estaba casi vacío.

Cuando cayó la tarde estaba en el solar junto al carro cuando empecé a escuchar sonido de gentes y caballerías que volvían de los campos. Se escuchaba cantar a las mujeres -porque antes de la radio las mujeres cantaban ¿sabes?-, ibas por los pueblos y oías cantar en las casas... El caso es que me fijé que la columna iba precedida por varios niños y adolescentes de mi edad con piedras en las manos. En la masía los niños les quitábamos la comida a los ratones, y a mis doce años tenía unos huevos así (y aprieta los puños). Con que mi reacción fue pensar en un escenario hostil mientras se me erizaba el vello y se me aceleraba el corazón. Cogí la primera piedra que vi e instintivamente hice acopio con mi pie de las que se hallaban a mi alrededor, todo sin perder de vista al grupo de cabeza que ya estaba muy cerca.


Se detuvieron los niños en el linde mirándome, yo apreté la piedra en mi mano jurándome abrir la cabeza del primero que pestañeara. Soltaron las piedras uno por uno en un montón frente a mí. Tras ellos, los adultos que venían con mulos y borriquillos y que llevaban otras mayores. Todos iban dejándolas en el montón. 

....Con aquéllas piedras empezó mi padre a construir nuestra casa".





Admiro a estos hombres pacientes, les admiro porque han elegido ser felices a pesar de todo.

Riviere

miércoles, 29 de junio de 2011

La vez que estuve más cerca de Dios

.

Sólo pienso en escribir cuando estoy de bajón. Cargo normalmente con quien tengo más a mano, que suelo ser yo mismo. Y me doy cuenta de lo mezquina, insulsa, vana, y prescindible de ésta brizna a la que llamo mi existencia.

Tomo conciencia de lo baja y ruin de su condición, que no es otra que la que me pertenece como humano, aunque yo hallo la mía más deleznable si cabe.

Aquellos que fueron capaces de las mayores perversiones, tienen más en común conmigo de lo que me esperaba, empezando por que nacieron de madre como yo.

Mis deseos me han arrastrado por el barro inmoral de la búsqueda del placer tratando de esquivar sus contrapartidas, cosa del todo imposible.

Buscando mi satisfacción encuentro insatisfacciones, que trato de eludir buscando satisfacción ...así es de necia y circular la carrera hacia la única meta.

Así pues no soy tan distinto de aquellos a los que aborrezco, aquellos cuya vileza consiste en ser esclavos de sí mismos cuando no de otros.

Como a ellos me sacuden las pasiones y me abandono a mis instintos, tratando de disimularlos, con disfraces que de tan vistos ya nadie cree.

Presto estoy a rendirme tras las primeras andanadas, a soltar timón y remos dejando al pairo mis esperanzas. Raudo acuden traidoras mis lágrimas cuando saben que conmueven, para pervertir mis escasos sentimientos.

Maldigo a ésa naturaleza que ha dejado que medren los de mi calaña sobre esta tierra que les sustenta y que no merecen. Mejor estaría poblada de animales, que hacen sin pensar lo que no debe pensarse.

Sin embargo, ésta estúpida brizna parece tener, no se por qué, ciertos fugaces instantes que la hacen excelsa, dulce como las palabras del amor, pura como el cielo de septiembre.

Son momentos luminosos, destellantes, que hacen que nos aferremos a la vida con todas nuestras fuerzas, casi olvidando que estamos aquí de paso, casi olvidando que somos menos que nada.

Si fuese creyente, podría trasladar a ese ente imaginario mis cuitas y pedirle como hijo un consejo y ayuda de padre. No es el caso, así que me tengo que espabilar yo solo, y encima en un momento en que encuentro más nobleza en la estirpe del gusano que en la mía.

Como hiena solitaria, no puedo esconder mi morro manchado de sangre, pues he husmeado en los cadáveres de varios dioses. He tratado de escapar de ésta miseria moral por las puertas doradas de quienes me hablan de su cielo de bondad, donde reina un ser omnipotente que desde su inmensa piedad, parece que va a ayudarme a pesar de conocerme tan bien.

Más todo ha sido al fin inútil, no he tenido la revelación, o quizás sí. Se me ha revelado que dios para mí fue una muleta, más ...es de los dos pies de los que cojeo.

La vez que estuve más cerca de Dios, fue en la terraza de un bar charlando con unos amigos. Hablaban, reían y el tiempo pareció detenerse. Por un momento, aquella voz interna que es testigo y juez a la vez de todo lo que hacemos había callado, y escuchaba las risas de mis amigos como un murmullo. Sus palabras llenaban mi interior, que jamás se sintió tan vacío y el mundo se hizo perfecto. Mi querido monstruo interno se hacía mudo dentro de su gruta.

¿Era ésa grata sensación de amor fraterno un signo de dios?, ¿era dios ésa sensación de ver que ya no eres el centro de tu propia circunferencia?.

No puedo nombrar lo innombrable, Dios le llame aquel día.

Llamé dios a un vértigo imparable que me nubló los sentidos, empecé a amar, y por tanto, a comprender.

Y aquel amor parecía abarcarlo todo, y hasta me pareció en cierto modo razonable mi existencia bajo su luz.

Así resultó que era cierto que "aquello" estaba en todas partes, que no hacía falta buscarlo en los templos, que estaba más cerca de lo que cabía suponer, y que ciertamente era una verdad sólo desvelada a los ojos de los sencillos.


Así pues, Dios le llame aquel día.

-

domingo, 6 de febrero de 2011

La olla del oro

. ...
Estamos a principios de los 70 en pleno pirineo leridano, la tarde es fría y varios hippies rodean el hogar donde crepitan unos troncos.
-Si no viene Ricky estamos jodidos- afirma uno.
-Tranquilos, si ha dicho hoy, es hoy. Además sólo son las 6.- replica otro.
Alumbran la estancia dos velas a medio consumir.
-Ni velas nos quedan...-
-Ya te he dicho que tranquilo, vendrá, no puede tardar.

Los hippies viven sin electricidad ni agua corriente, las casas son grandes y el invierno muy duro.
No van al bosque por leña, antes queman las grandes vigas de roble y muebles abandonados. El pueblo lleva más de una década vacio, y las casas van dejándose caer de la cresta al barranco poco a poco, una hoy, otra mañana.

Ricky es el único adinerado del grupo, el resto son de clase media-baja, de padres trabajadores que no comprenden qué les pasa a sus hijos. Llevan 2 días que tan sólo fuman marihuana, no tienen ya comida ni otra bebida que la que da la fuente.
-Ni café no tenemos...
-¿Te quiere callar?, ya te he dicho que vendrá fijo, ¿vale?.
-Ya lo sé, que yo sólo digo...
-No haces más que quejarte, ¿nos ha fallado alguna vez?, pues ya está.

Tampoco tienen animales, dan demasiado trabajo, es mejor bajar de vez en cuando a comprar a la capital, pasando primero por casa de los papis.
-¿Estás bien hijo?, ¿No te falta de nada?...
-Que sí mamá...no mamá...
-¿De verdád?
-Que síííí...

La secta que integra al grupo es de carácter cristiano, por eso ayunan a veces, coincidiendo con las visitas principalmente, que siempre acostumbran a traer alguna cosa porque ya saben lo que hay.

Los domingos no trabajan, guardando un día de descanso semanal, aunque para algunos todos lo son, a tenor de la vida que llevan.

La menor del grupo dice: -¡Callad!, creo que ya llega.

Todos tratan de aguzar el oído y se escucha débilmente el sonido de un motor.
Un dos caballos aparca en la plaza, es Ricky.
-Hola gente, ¿Que tal estais?...
-Bien ¿y tú?, ¿traes velas?.
-He traído de todo...

Mientras unos llenan la despensa, otros encienden más velas iluminando toda la estancia, cuyas paredes cubren posters de colores sicodélicos.
-¿Como te va por la "uni"?.
-Bien- dice Ricky - mis viejos no quieren que lo deje, ¿y vosotros?, ¿habeis encontrado algo?.
-No, de momento no...

Aroa y Ricky aún están en la cama, y hablan bajo la atenta mirada del Che.
-¿Tú crees que existe?.
-Claro que sí, la vieja no me engañó, falta encontrarla.
-¿Y si sólo es una leyenda?, ¿y si la vieja desvariaba?.
-No lo creo. Falta saber en qué casa está.
-¿Y si estaba en una de las que se han caído y está bajo las ruinas?, quizá nunca la encontremos.
-Es una posibilidad, pero sólo es una. ¿Y Paco?.
-En el taller estará...

Paco pasa muchas horas en su taller, ha hecho acopio de materiales y ahora trabaja el metal produciendo pendientes, colgantes y pulseras que espera vender en el mercado.
-Si tuviesemos luz podría hacer más cosas, pero es que sin maquinaria...
-Ya...¿Has hecho mucho o que?.
-Ya lo creo, más de doscientas piezas entre todo éste último mes. Viernes bajamos al mercado. -¿Es que nadie va hacer de comer?-exclama Aroa.
-Nosotros ya hemos ido por leña...
-Ya os vale...

Mientras Paco vende su producción en el mercado el resto van a misa, cuando vuelven lo encuentran acompañado de una jaula con 4 gallinas.
-Mirad qué he comprado, lo he vendido casi todo...
-¿Has comprado por tu cuenta?, ¿sin consultar al grupo?.
-Son gallinas ponedoras, nos darán huevos...y por tanto pollitos.
-Las ganancias deben ir a un fondo común y luego el grupo decide.
-Pero yo lo he hecho por el bien del grupo...
-Ya... ¿Te ha sobrado algo?.
-Cien pesetas, pero es que he de comprar material para el taller...
-Ya se lo pedirás a tus viejos cuando bajemos.

Aroa ha trasladado su colchón junto al gallinero, quiere impedir que la zorra lo visite.
-Tendrás que acostarte a la misma hora que ellas... Ja, ja, ja.
-Estais flipados tíos...

Paco, Ricky y Aroa pasean por el pueblo de calle única en dirección a su extremo, por donde se baja a las huertas abandonadas.
-¿Habeis buscado bien?.
-Ya lo creo, golpeamos con un palo las paredes por si oíamos sonido a hueco pero como si nada...
El gallinero ha crecido en número y producción, Aroa estudia vender sus huevos, bueno, los del grupo, en el mercado.
-Viernes vamos a ir a vender.
-¿Como?, ¿quién va a llevaros?.
-Vamos a pedirles el borrico a los de Castellnou, a ver si nos lo dejan...
-¿A pie?, tendreis que salir de noche y a diez bajo cero.
-¿Y?, habrá que comer ¿no?... Que por cierto...¿Alguien ha preparado desayuno?.
-Es que hoy ayunamos.
Aroa pone pan a tostar en el fuego.
-Tía ¿vas a romper el ayuno?.
-...me ha bajado la regla
..
La venta ha sido excelente, y a pesar del madrugón, Paco y Aroa vuelven contentos con el burro cargado. La nevada es espectacular y han de retornar sobre sus pasos al poco rato.
-Así es imposible volver, menos con el animal cargado.
-Voy a llamar a los de Castellnou y que les avisen que no podemos subir de momento.
-Esto arrecia, hemos de pasar la noche aquí.

Un pastor los acoje en el mismo establo que al burro, nada más puede ofrecerles, pues vive solo y su casa tiene una única alcoba. Entre las mantas Paco y Aroa hablan en voz baja.
-¿Que harías si la encontráramos?.
-¿Lo que?.
-La tinaja.
-No es una tinaja, es una olla.
-Lo que sea, lo mismo da...
-No sé, arreglar la casa un poco y poner un baño más decente, y también la cocina y el gallinero... -Oye, ¿cuando nos ponen la luz?.
-Ésta semana creo que era...

Por la mañana hay medio metro de nieve, el pastor les llama a desayunar.
-¿Y no se siente usted muy solo?.
-A veces, pero entonces bajo al café, además tengo éste transistor, leña, comida...¿que más puedo desear?, mi vida son mis animales...
-¿No tiene hijos?.
-Viven en la capital, ya hace años que marcharon
-Para que veas cómo manipula el sistema... Ten hijos para esto.
.
Ricky los ha encontrado junto al pastor arrimados al hogar.
-Hola ¿como habeis pasado las dos noches?.
-Bien, hemos dormido en el establo, ¿como has conseguido llegar?.
-Vine tras la quitanieves, mejor imposible. Los operarios del tendido eléctrico están refugiados en nuestra casa, me lo han dicho los de la compañía, van a llevar una máquina para limpiar la pista y rescatarlos, creo que podremos subir tras éllos.
-Excelente, ¿y cuando va a ser eso?.
-Después de comer me han dicho.

Los operarios del tendido eléctrico se calientan junto al hogar esperando su rescate.
Los hippies ayunan por lo que pueda pasar.
-¿Llevais mucho aquí?.
-Pronto hará un año.
-¿Y de que vivís?,
-Somos artesanos y cultivamos la tierra.
-Ah...
....................*********
-¡Os recuerdo que se acordó respetarla!.
-Pero Ricky...no te enfades...
-De la iglesia no se toca nada se dijo, ¿quien no tiene claro esto?.
-No teníamos leña...y entonces...
-Era un mueble antiguo, ¿os dais cuenta que tenía más de cien años?.
-Pues lo que yo decía, un mueble viejo, tampoco hay para tanto.
-Hay una cosa que se llama leñera y se llena en verano, a ver si así os entra de una vez.
-Bueno, al menos ya tenemos luz
......................... ********
-Me han dicho que puede haber hongos psicoactivos en el monte.
-¿Tu los conoces?.
-Los he visto y los reconocería si los viese, ¿Vienes a ver si encontramos?.
-Vale, ¿quienes vamos?.
-Vamos con Aroa los tres.
La primavera ha sido propicia a los hongos y pronto encuentran ejemplares comestibles.
-Estos se pueden poner en conserva y llenamos la despensa, aquí se puede cargar.
Mientras van cortando las setas Ricky reflexiona:- Ya tenemos luz, podremos alimentar y usar máquinas, esto será un avance para la comunidad.
-Falta la olla...-replica Aroa.
-Sin élla también saldremos adelante.
-Ya, pero sería bonito arreglar la casa, la huerta, que nos pusieran el agua...
-Ya tengo la cesta a tope, podemos ir bajando ya ¿no?.
-Sí, vamos.
.
Aroa y Paco recorren una de las casas abandonadas a la rebusca de materiales aprovechables.
-Mira bien cómo vivían, que es así como habremos de vivir nosotros.
-No me jodas Paco, nosotros tenemos la luz y pronto agua corriente.
-Las comodidades no nos harán más resistentes a la soledad de éste lugar y al desánimo. El problema está aquí dentro-dijo Paco señalándose la cabeza.
-Si tú lo dices... Mira, aquí todavía hay ropa, hay que llevársela.
-Con los aros de metal de las botas y plástico podríamos construir un invernadero y semillero. Bajamos a la bodega y nos llevamos las más grandes.
-Vale.
............................*********
-¡¿Pero es que estais alienados o que?!.
-Pero Ricky no te enfades, ha sido un regalo de los padres de Pablo, no nos ha costado nada.
-Precisamente es la televisión el principal medio que utiliza el sistema con sus borregos,¿o es que no os dais cuenta?.
-Que se vote pues...¿ves?, mayoría...
-Muy bien, mi opinión ya la conoceis. Hágase lo que dice la mayoría...
Amargo día para Ricky, que se lamenta a Aroa mientras ésta teje y los demás miran el fútbol en el salón.
-Esto no va así, se habló de una comunidad alejada del sistema, y estos como sus padres, pegados al televisor...
-¿Que te parece el tapiz?.
-Muy bonito. ¿No me dices nada?.
-Ya lo sabes, yo no he venido aquí para hacer la vida de mi madre, ni tampoco la que me tenían preparada, yo he venido a vivir la mía, la que yo he escogido.
M
A última hora de la tarde está terminado el invernadero, y Paco y Aroa regresan a la casa.
-¿Alguien ha preparado cena?.
-Es que va a empezar el fútbol...
-Me poneis histérica, de verdad eh...
-Pero hermana, no te enojes, comeremos cualquier cosa...
-Ya...

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Los hipies acuden tras el estruendo de cascotes que acompaña al derrumbe de dos casas, Paco y Aroa no aparecen y los llaman a gritos. Les contestan éstos desde una bodega excavada en la roca viva, que las ruinas han cubierto casi completamente.
-¿Estais bien?.
-Sí, nos cubren varias vigas, estamos en un agujero de la roca para que no nos caigan piedras.
-Vale, ahora empezaremos a sacar esto poco a poco.
La casualidad quiere que el rayo de luz que entra en la bodega, ilumine varias monedas de oro...
-¡Oh Dios mío!¡Paco!¿lo ves?.
-Vaya, vaya...
-¡Es la olla!, mira los pedazos...
-¡No te muevas de aquí!, se puede venir todo abajo, y no grites.
-Aquí hay una fortuna...
-Si volvemos a depender de la pasta estamos en las mismas...
-Pero Paco, ¿te das cuenta de lo que podremos hacer con esto?.
-Sí, volver a depender del sistema.
-No vamos a vivir como diga el sistema.
-Lo malo no es el sistema, lo malo es la dependencia, del sistema y de lo que sea. La independencia nos hace libres, independencia también de lo que nos gusta, cuya búsqueda nos convierte queramos o no en sus esclavos. Hay que saber "tener" y saber "dejar". La urgencia pervierte nuestro deseo, por eso cuando alcanzamos el objeto del mismo, siempre nos parece inferior a cómo lo imaginábamos.
-Seremos autosuficientes.
-Ser autosuficiente es algo más que hacerse el pan, es lograr que nadie te extorsione usando como llave tu necesidad, que nadie pueda doblegar tu voluntad a cambio de algo que precisas, volvemos a la idea de independencia otra vez...
-Teniendo dinero será más fácil, no me digas que no, todo se hará si todo lo compartimos.
-¿Y a ti quien te ha dicho que todos van a querer compartir?.

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-Tenemos la olla escondida Ricky.
-¿Que me dices?.
-Lo que oyes, estaba en la bodega de donde nos sacaron, está enterrada allí.
-¿No lo sabe nadie más?.
-No, sólo nosotros.
-¿Que hay? ¿monedas?.
-Hay monedas de oro y plata y joyas antiguas, valen seguro mucho dinero.
-¿Y porque no lo habeis dicho a los demás?.
-Queríamos saber qué piensas tú...
-Yo pienso que deberiámos continuar con la filosofía del grupo y ponerlo todo en un fondo común. -¿Y si alguien reclama su parte?, hablamos de bastante dinero...
-Si la reclama se la damos y en paz, pero debe abandonar el grupo, eso está claro.

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-Siempre quise tener un bar, con esto podré hacerlo. Así se despidió el primero que pidió su parte.
-Con esto mi padre puede ampliar el taller y darme un empleo. Así se despidió el segundo.
-Puedo comprar dos pisos y alquilarlos-dijo el tercero, y así fue mermando la comuna.

En medio año todos han hallado excusa para marcharse menos 4 que continuan viviendo en la casa.Hoy toca reunión.
-Los que no hemos vendido estamos de enhorabuena, un coleccionista le da a mi padre más dinero que en la primera tasación. Es buen momento para vender si sabemos jugar nuestras cartas...
-Tu padre ha sido muy generoso apoyando la comuna, pero nuestra tendencia y fin es la autosuficiencia.
-¿Y eso que tiene que ver con el dinero?, se podrá tener dinero y ser autosuficiente a la vez ¿no?.
-Siempre que el dinero se invierta en serlo para mí estará bien gastado.
-Bien yo había pensado en consolidar la producción avícola y artesana.
-..."consolidar la producción"...tú eres un capitalista.
-Yo soy un universitario, no te confundas, tronco. Debemos vender y comprar...
-Y dale, cuando seamos autosuficientes, no tendremos ese problema.
-Podemos alejarnos del sistema, esquivarlo, odiarlo, pero está ahí, no podemos ser una isla, desengañate. Lo que vamos a tratar es de cambiar nuestra relación con él. Ya hemos empezado a hacerlo, de momento vivimos aquí, esto es un remanso de paz en plena naturaleza, y en principio, no tenemos otra ocupación u obligación más que no sea buscar nuestro propio sustento. Pero no sólo de pan vive el hombre, no somos animales del monte, Paco, hazte cargo...
-No sé, se habló de vivir lejos de todo aquello... Éramos una comunidad, esto es un naufragio...
-Mira chaval, el trabajo que te tomará el cultivo de la tierra y la cría de animales para lograr la autosuficiencia, poco tiempo va a dejarte para disfrutar tu flamante maquinaria del taller, ¿o es que no te das cuenta?. Tú serás un esclavo y tu creatividad se irá al carajo. ¿Tu que dices Aroa?.
-Yo lo veo como tú, no podemos aislarnos del medio que nos rodea, aunque así fuese la idea inicial, lo cierto es que los pollos se venden muy bien y la bisutería también. Llegamos, vendemos y volvemos a nuestra vida, Paco, no está nada mal, no le hacemos el juego al sistema en absoluto si es que así lo crées.
-En fin, vosotros,¿que proponeis?.
-Placas solares en el techo, automatización del riego en la huerta, aumento de animales...
-Para, para...¿vais a llenar esto de tecnología?.
-¡Y dale!, Paco, no seas tan duro, se trata de comprar tiempo y autosuficiencia.
-¿Montando una instalación industrial?.
-No vamos a ser una industria, sólo vamos a aumentar un poco la producción y optimizarla.
-Vaya, al fin salió: el capitalismo puro y duro.
-De verdad, Paco, no seas tan negado...
-Haced lo que querais...no hace falta ni que votemos.
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Epílogo.
. Han pasado diez largos años para la comuna.
Aroa hace de monitora durante el verano en unas colonias cercanas, de cuyo mantenimiento se ocupa durante el invierno, varios bungalows alquilados a los esquiadores le dan pingues beneficios. Ricky acabó la carrera de magisterio, coordina la comuna y da clases en un colegio cercano. Miguel y Manolo gestionan la casa rural que abrieron en el pueblo con la venta del tesoro, y Paco se ocupa de la animales y de la huerta. Es el único que todavía conserva varias monedas y una sortija, que guarda celosamente en su habitación, dentro de una olla de barro entre pared y pared.
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martes, 6 de abril de 2010

Una idea redonda

PARA RIVI EN DIA EN EL QUE NOS TIENE A TODOS EN ASCUAS... ESPERAMOS QUE EL DIA TE SALGA REDONDO, IGUAL QUE TU RELATO.


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Voy distrayendo por el mercado a mi espíritu, que va con la correa larga cuidándose de sus cosas, sin reparar en nadie. Va husmeándo entre la gente, como un perro chico, en busca de lo atávico.
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Me detengo en una parada, donde se encuentra un artículo -que puede presumir a todos los demás- de antigüedad de linaje y padres ilustres. Hija es de la unión de la tierra con el agua, y del aire con el fuego, nada menos.
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Antes que objeto fue idea, siendo de las más primitívas la considero genial; la confirmación la tengo en que no ha cambiado su diseño ni material básico a lo largo de los tiempos. Ha sobrevivido a épocas, modas,estilos y tendencias: es auténtica.
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Las manos del hombre dieron al barro, la forma de una cazuela. Le salió redonda como el sol y la luna, como la tierra ,como las ondas del agua; redonda como los girones del viento, como las hogueras, redonda, como el pensamiento... Sus argumentos para juntar a los hombres a su alrededor, son harto simples y de materia palpable. Consigue éste humilde objeto sin mediar palabra, que al menos por una vez,los hombres alarguen el brazo hacia un objetivo común. Es pues su esencia de un total pacifismo, centro y circunferencia a la vez.
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A pesar de tener en el metal una dura competencia, su presencia se ha mantenido impertérrita a lo largo de miles de años... Tiempos y ocasiones hubo, pues es el hombre animal de mudanzas como pocos, en que el metal atacó; en la última, el acero inoxidable y el aluminio, asaltaron los hogares, para decirle al ama de casa que el futuro,¡ya estaba aquí!. Se acabaron aquellas ollas y cazuelas de nuestras abuelas, negras por el fuego; un reluciente horizonte de metálico brillo se vislumbra.
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En mi familia continuó aquella cazuela su circular existencia, del fuego al agua y del agua al fuego, como si nada. En los pueblos, todos saben que la comida "de verdad" se cocina sobre barro. Y sabe mejor sin lugar a dudas...vuelven a unirse otra vez, para repetir el rito: el agua y la tierra, el aire y el fuego...La mano de una mujer, dibujando con una cuchara sobre su fondo, círculos interminables... Las hay que canturrean, cuando remueven la comida; mi abuela iniciaba una sorda letanía, que no finalizaba hasta soltar la cuchara de madera.
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No llegué nunca a saber si era el recitar de una oración o el qué,pero parecía formar parte del rito....


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viernes, 1 de enero de 2010

Tiempo de siempre



Cuando era un niño...

Vivíamos en una casa antigua, por no decir vieja. Su portal era traspasado por fauna variada: rumiantes, reptiles, roedores, felinos, insectos y otras bestias...Pendiendo sobre el arrabal, era la última del pueblo.

Un día corrí al balcón para ver quién blandía el picaporte, hallando dos hombres de mediana edad con sendos zurrones y mantas cargadas sobre sí.

-¿Quién es Rubén?-
-Dos hombres mamá...-
-"Una limosna, señora..."-gritaban abajo.
-"¿Quieren un bocadillo?, dinero no tenemos..."-
-"Si, gracias señora, dios se lo pague..."
-"Son unos pobres..."
Yo estaba temeroso porque había oído hablar de los pobres, pero no había visto nunca ninguno.

Tras la ajada persiana del balcón, los estuve espiando mientras mi madre les preparaba lo suyo. Llevaban la ropa gastada y barba de varios días.

-"Dios se lo pague, señora, muchas gracias"-decían los dos inclinando la cabeza.

Los vi alejarse dando bocados más que medianos-"luego no es cierto que tiren la comida como dice alguno en la escuela"-pensé-.

-"Es mejor no darles dinero, que igual se lo gastan en vino"-sentenció mi abuela-.

Volvieron al cabo de un año, y de otros más, siempre repitiéndose la misma escena.
Lo único que cambió fui yo, que al crecer me había dado cuenta, que para ver un pobre no me hacia falta salir al balcón.

Pero bueno, pensaba, al menos nosotros tenemos una casa; vieja, con su propia fauna, pero es nuestra casa. Pero, ¿y ellos?, dónde estarán su casa y sus familias.

Y me daban un poco de lástima, pensaba desde mi infantil inocencia, que eran más dignos de ella que yo.

Un pudor extraño me mantenía en el balcón siempre que venían, aunque me gustaba ver como se alejaban y sus gestos de agradecimiento hacia mi madre.

Les seguía con la vista hasta que se perdían calle abajo..."..no es cierto que no se lo comen, no..."

Luego supe que eran temporeros de la vendimia francesa, que hacían el trayecto anual pidiendo caridad allí donde se la daban.

Los que viven en las cuevas del arrabal, son más pobres que nosotros. Me llevó un día mi madre sin yo saberlo, cargada con una bolsa, de la ropa que ya se nos quedaba pequeña. Nos abrió la puerta una mujer de rostro de corteza de árbol, dando grandes muestras de alegría. Sacó de la cocina unas galletas y dos vasos de leche; hablaron mientras yo miraba la estancia troglodita.

Llegaron unos niños pequeños, sucios de jugar en la tierra; brillaban alegres sus ojos ante mis viejos pantalones.
-"¿Quieren algo más?"-decía aquella mujer-
-"No, no"-contestaba mamá-
-"¿De verdad?"-insistía-
-"De verdad mujer..."-
Y yo sentí una inmensa vergüenza y embarazo, ante el ofrecimiento de aquella señora, porque me daba cuenta de que no podían darnos más; no podían, porque es que no tenían nada más.

Y así volví muy triste, a nuestra casa de mantel de hule y pañito de ganchillo.


Años más tarde...

Tras las compras de navidad, ya de vuelta a casa, mi hija pregunta:-"Mamá,¿Por que había tanta gente pidiendo en la calle?".
-"Porque no tienen dinero ni trabajo, hija"-contesta mi mujer-
-"¿Y porque le has dado a aquella chica y a los otros no?"
-"Porque tiene un niño pequeño, pobreta...y siempre que está le doy".
-"¿Y tú, papá?¿No das a nadie?".
-"No hija, porque donde trabajo, cada día tengo uno o más que piden; y si doy a todos, yo mismo tendré que ponerme a pedir, ¿entiendes?"-contesto yo, tratando de que no suene a justificación-, mientras, sin sacar la mano del bolsillo, he contado lo que nos queda:17'40 euros, y estamos a 27 del mes...ya me dirás tu...

-"¿Quieren un bocadillo? Dinero no tenemos"-grita mi mujer desde el balcón a la calle.
-"Son unos pobres...les voy a hacer un bocadillo...".
-"Toma, bájaselos tu"-me dice-y yo bajo muerto muertito de vergüenza, sin alcanzar a saber porqué...

Son dos hombres de mediana edad, con mochilas gastadas a sus espaldas y no van mal vestidos; sus miradas y gestos de agradecimiento, llevan mi azoramiento al borde del abismo. Los veo desde el balcón comer en un banco cercano..-."...No es cierto que tiren la comida, no..."-pienso-mientras a mí corazón le invade una sensación de alegría, que no puedo describir.

lunes, 13 de julio de 2009

Palabra de Rey



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Cuando mi candidez tenía un tamaño arreglo a mi edad,compré una casa animado por los discípulos aventajados de Emilio Botín.

La calefacción de la misma,se alimentaba por medio de una caldera de leña frisona,donde se metía una persona entera sin problema.

Como sabrá quien tal sistema use,la leña te calienta tres veces: una cuando la descargas,otra cuando la metes en la caldera,y otra cuando arde. Por todo ello,nos decidimos por una de gasóleo.
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Los fruticultores,suelen ir de leña bastante sobrados,así que buscamos uno que nos la comprara;asesorados por un lampista de confianza,confirmamos que apenas había sido usada,siendo su estado muy bueno.

Como el modelo a estrenar valía doscientas mil pesetas largas de aquel tiempo,tasamos la nuestra a la baja,y le pusimos un precio de setenta y cinco mil.

Debido a mi profesión,fruticultores conozco muchos y enseguida la colocamos.

El señor que me la compro,delegó las negociaciones económicas en su yerno,aceptado el precio por el mismo,llegó el día de sacarla,para lo que nos valimos de un tractor,ya que su peso era considerable.

El ventajoso trato que hice fue el siguiente:una vez montada la caldera en el domicilio del comprador,disfrutaría de un periodo de "gracia" de seis meses,durante los cuales quedase probado que funcionaba a la perfección.

Pasó el verano,llegó el invierno,y topándome varias veces por la calle con el comprador,siempre me comentó el excelente resultado que le estaba dando la caldera:no perdía agua por ningún lado,y daba calor sobrado a la gran casa que todavía posée.

Ya bien entrado el mes de Mayo,habiendo transcurrido algo más de seis meses desde que salió la caldera de mi casa,me presenté en la del comprador,con la intención de cobrar lo mío.

Me recibieron en una gran sala los propietarios,preguntado por el precio acordado con el yerno,se lo dije;la reacción que provocó la cantidad acordada,fue totalmente desaforada. Púsose la señora a gritar sin sentido,tratando al yerno de loco,y a mi,de poco menos que ladrón. El marido y élla quisieron empezar un regateo sin sentido para mi,cuando el trato ya estaba cerrado con quien ellos designaron,hacía ya más de seis meses. A los gritos de la mujer,acudieron varios empleados,que llegaban a mediodía a dejar los aperos en el almacén de la finca. Radicalizaron su postura al verse arropados,cosa que hice yo también,a pesar de hallarme como gallito joven en corral ajeno,aumentando mi rabia y mi desprecio hacia aquellos miserables adinerados.

El toma y daca empezó a subir de tono,y viendo que no cedía un ápice en mi reclamación,sino que al contrario,la reafirmaba y sostenía con todos los argumentos a mi alcance;habló el "señor" de la casa con la intención de sentenciar aquella absurda discusión.

-¡Ya vale de discutir!-me espetó-así tu palabra¿qué es?¿como la palabra de un rey?¿no?

En aquel momento,yo que tenía el cuerpo sudoroso y tembloroso,y el ánimo encendido como una brasa,contesté:

-Pues si,señor don nadie,no tengo otro patrimonio que mis manos y mi honradez,ni más tierra que la se me pega en los zapatos cuando piso la de otro;y sí,mi palabra es la de un rey,y ahora pagadme lo mío o llamad a la Guardia Civil,por que me llevo por delante al que sea,antes que salir de aquí sin mi dinero.

Se hizo un tenso silencio,sólo roto por el sonido de los billetes que sacaba el "hombre" de su cartera,los cogí y abandoné de la casa. Llegué a mi Renault5 temblando,llorando de rabia y desprecio hacia aquella ralea,rica pero baja.

Al rato,más calmado,sonreí y me acordé de los consejos que me dieron de niño;recordé una a una aquellas palabras,grabadas a fuego en mi interior,que han guiádo mi vida:
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"Nada es un hombre sin palabra,y el que la empeña,empeña con ello su honor,que vale más que el oro y la plata,más que todas las riquezas;brilla hijo mío con luz propia y verdadera;no seas como aquella moneda,que va de mano en mano,y al fin se borra,y teniéndola por falsa,nadie la toma".


Publicado por Riviere

miércoles, 6 de mayo de 2009

La tía.

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Mi tía es una mujer,
por su natural callada,
quíza por que tiene un secreto,
que a nadie le importa nada.
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Mi tía tiene un balcón,
con cien plantas todo el año,
la que le crece mejor,
es la del desengaño.
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Cuando se marcha mi tío,
la tía cose,friega,borda...plancha
y plancha hasta el llanto,
pliega las sábanas del desencanto.
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Los sábados por la mañana,
con un hombre de otra raza,
las flores de la pasión,
las deshoja en la terraza.
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Es un mulato muy alto,
con la mirada picante,
que ejerce sobre mi tía,
un efecto hipnotizante.
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Baja la tía cantando,
cuando se marcha el mulato,
y se llena de alegría,
la escalera por un rato.


Dedicada a mi tía,que se marchita en un piso del eixample barcelonés,
junto a un hombre que no la quiere.

domingo, 8 de marzo de 2009

De nada y de nadie



Yo nací en San Pedro, un pueblo del pirineo catalán, habitado, según el maestro que nos instruyó, desde tiempos muy antiguos.

La nuestra, era la casa central del pueblo, que agrupaba los servicios municipales, siendo estafeta, taberna y farmacia, todo en uno.

El camino que iba a torcer nuestras vidas, pasó por la llegada al contorno de los "pantaneros". Un ejército de peones, albañiles y arquitectos, levantaron la presa que anegó mi adolescencia.

Varios se instalaron en el pueblo. Yo era entonces una niña, que ya sentía en su interior la inminente llegada de la madurez. Que leía con deleite unas líneas escritas a lápiz, sobre el yeso de una entrada, por un miliciano republicano:

"Aquí resistimos, yo, Juan Pérez y tres milicianos más, tres días, casi sin comida.
Te quiero Teresa.
Viva la República!"


Eran los recién llegados, muchos andaluces, inmigrantes en busca de trabajo. Los que se hospedaban en mi casa eran "jefes",traían una radio.

Mi madre la escuchaba embelesada; bueno, todos. Nunca vimos nada igual!.

Empezaron también a llegar revistas. Esperaba ansiosa al hombre que me las traía de Barcelona. A mi y a mi madre, que cada día descubría una nueva virtud en aquel mundo lejano, donde las señoritas estudiaban francés,"Fíjate, Cristina, francés!!"-me decía. Un mundo con radio, tranvías, ascensores, cuartos de baño de glacial blancura, suelos de baldosas relucientes...

Habiendo cobrado, algunos, las indemnizaciones por sus tierras inundadas, vi como, poco a poco, mis compañeras de juegos abandonaban la plaza, que fue quedando vacía.

Fueron cerrándose casas y creciendo, en la mía, el mismo nerviosismo que en otras.

"Manuel"-decía mi madre-"esto no puede ser. Aquí, ni estudiar pueden los niños. Vendamos las tierras, antes que nos quedemos solos en el pueblo."

Mi padre movía la cabeza en silencio, sin decir ni sí, ni no.
Fue que sí, y entramos a vivir en un piso horrible, en la zona industrial barcelonesa.

Mientras me acicalaba para ir a mi primera clase de escuela en la capital, mamá decía:"Que no se te note que eres de fuera".

Pasé largos días sin salir de casa. ¿Qué se hace en la ciudad?. En el pueblo hubiese sabido siempre qué hacer.

La antigua torre árabe que veía desde mi ventana, la sustituyó la altísima chimenea de la fábrica de papá.

Crecí viendo como mi hermano y mi padre se dejaban la piel en jornadas agotadoras para mantener el ritmo de vida que la ciudad, y mamá, imponían.

Mamá vivía en la gloria; por fin vivíamos como las personas, y no como animales en aquellos montes (cuya venta nos hizo "ricos").

Papá se buscó un huertecito, llevado, creo yo, por la nostalgia. Mientras, mamá lucía palmito en las cafeterías de postín, donde iban las "señoras".


**************

Me casé. "Que no se te note que eres de montaña", me decía mi madre, mientras arreglaba el vestido.

No tuve hijos y ahora estoy sola.

Recibí ésta mañana una extraña llamada:
-"Es usted Cristina Llevot?"
-Si..
-Posée una casa en San Pedro,¿no es así?.
_No. Allí vivían mis padres. Vendieron la casa hace mucho...
-No me consta que sea así. Al contrario, aparece usted como propietaria en el registro. Mire, represento a la firma que ha comprado San Pedro. Han vendido todos. Ya queda usted. No ha sido fácil encontrarla...


**************

-"Mamá, por qué no vendisteis la casa","Mamá, la casa..¿me entiendes?"-mamá tiene demencia y no sé si se entera de algo...
-"Nadie"-dice al fin-"nadie!...tiene que saber dónde vivíamos...a nadie le importa nada...miseria!...nada...nadie..."-y así la dejo.

Voy hacia San Pedro.

Aparco el coche para entrar en mi pueblo, cuarenta años más tarde.

Algunas casas derrumbadas taponan las calles; otras se ven despeñadas barranco abajo.

Encuentro mi casa con la puerta abierta; mis revistas amarillentas por el suelo, fuera de su maleta.
Recojo unas cuantas, muy emocionada.

Entro y llego hasta la cocina, y su banco junto al fuego, en el que, tras el duro día, papá, aquel hombre cansado, a petición nuestra, tocaba el acordeón, antes que hubiese radio."Qué queréis-decía a veces-me criaron para trabajar, y otra cosa no se hacer."

Aún quedan cacharros de mamá, platos, cubiertos, ropa en las cajoneras...

Al entrar al dormitorio de mis padres y ver todavía la cama, me enternecí, y lloré en el silencio absoluto...

Y mi cuarto estaba vacío; quedaban botellas, restos del bar y farmacia...un reloj que marca las nueve y veinte....Quizás se paró al dejar la casa...

Aún pude leer entre lágrimas:
-"Aquí resistimos, yo, Juan Pérez, y.....Te quiero, Teresa. Viva la República."

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Muy amable, el señor que ha comprado el pueblo, junto a la torre que lo preside, me explica su proyecto. Cuando se marcha, la nostalgia me invade.

-Escapamos de aquí como del fuego-pienso, sorbiéndome unas lágrimas amargas-. Salimos casi de noche, como aquel que se avergüenza...no llevando nada con nosotros. Ni ropa, más que la puesta, ni el recuerdo siquiera nos llevamos, en aquella huída hacia adelante...

El relumbrante sol de la nueva vida, dejaba a nuestras espaldas la más oscura de las sombras.

San Pedro mira, desde una roca imponente, su barranco de árboles centenarios de verdor incomparable.
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Un húmedo silencio de bosque encantado lo envuelve todo...vierte su esencia a raudales aquí la naturaleza... y nosotros salimos huyendo.



Huyendo, Dios mío...huyendo de nada...de nadie...

miércoles, 28 de enero de 2009

Esos ojos que me miran

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¿Cómo me metí en esto?

Cuando tenía 13 años, mi padre tuvo la feliz idea de llevarnos a toda la familia de visita a San Climent de Taüll. La visión del pantocrátor produjo en mí una vivísima impresión.

Sobretodo la mirada de Cristo. Aquella mirada que, a priori, parecía perdida y que se convertía al pasar el tiempo en penetrante. Tanto que a mi me se me figuraba que me traspasaba.

Y en la inocencia del prepúber, pensaba: cuando nadie queda aquí y la iglesia se cierra, ¿hacia adónde mira el pantocrátor?. Y le daba muchas vueltas a la idea.

Ésta idea sentida, siendo como era un fervoroso creyente en aquel tiempo, y las sensaciones recogidas, fueron una delicia.

Pasados unos años, compartí un curso educativo con un libro de religión que, casualmente, reproducía el ábside de Taüll. Aquella mirada, aunque mi fervor iba en merma franca, seguía fija en mis pensamientos. Reviví a mi pesar aquellas sensaciones de mi niñez y, siendo todavía un adolescente, y quizá por eso también, volví a fantasear con ése algo lejano de hacia dónde mira el pantocrátor, sin hallar respuesta.

Y con esos ojos convertidos en dos clavos en mi memoria, que fui incapaz de arrancar.

Aquella profunda mirada que ya se hacía obsesiva, pronto iba a relegarla por unos ojos más terrenales.

No fueron los montes territorio extraño para mi; antes bien, los tome por derecho a la busca, primero de fósiles, luego de restos megalíticos, paleolíticos, romános, íberos... Íbamos en bicicleta y no teníamos novia.

Comprábamos libros de especialistas de arqueología y revistas, aconsejados por los mayores, que ya eran universitarios, y nos hicimos nuestro pequeño museo (era nimio nuestro expolio) privado, por supuesto. Ninguno acabamos los estudios: había que trabajar.

Ya en solitario, con algunos años más a cuestas, di rienda suelta a dos aficiones que me volvían a sacar al monte, si es que lo abandoné alguna vez: la pesca y la escalada deportiva.

Había que moverse, y en ése movimiento me empezaba a encontrar, en ocasiones, en solitarios parajes de singular belleza que, casi siempre, presidía un templo cristiano,"románico" pensaba en mi interior, sin sospechar lo que la palabra iba a significar para mi más adelante.


Hallándome una tarde cansado de pescar, me acerqué a un templo cercano, por descansar a la sombra de su bóveda.

La imagen de un tipo con chaleco verde, botas altas de neopreno y una caña de 2´10 en la mano, al abrigo del cister, no la hubiera delirado ni el mismo Dalí. Chocante de veras, pensé.

En éstas estaba cuando se acercó a mi un hombre que, abandonando su 4x4 dijo: "mucho ha de gustarte esto para llegar hasta aquí."
- Es cierto, le respondí.
- Lástima, afirmó, que el monasterio esté como está. Aún vi el agua correr por sus gárgolas, y mis bisabuelos, tomaron aquí lección con las monjas.

Me recomendó visitar una serie de lugares con edificios donde, como el decía, todavía se conservan les voltes, esto es, los arcos.

Marchóse y quedéme en la más absoluta soledad. Y fue recorriendo con la mirada los muros cuando las vi las marcas de cantería en las que nunca reparé y, puesto en pie, rodeé el templo como un sabueso rastreando su presa.

Había muchas. Hice fotos y empecé a conjeturar sin base alguna, por lo que pasaron a la categoría de misterio.

Pasado un tiempo y a raíz del interés por lo "sobrenatural" del vástago que ha de redimir, espero, esta vida caduca, me atreví una tarde a enseñarle mis fotos. Mira, le dije, yo también tengo un misterio: ¿quién hizo éstas marcas y por qué?. A partir de aquel momento nos pusimos a "trabajar" hasta encontrar unas explicaciones, más o menos convincentes.

Otra vez al monte, y ya con otras intenciones y habiendo descubierto otro mundo dentro de éste, decidí echar el resto y me impuse como norma que siempre que visitase un lugar, lo haría buscando sus restos megalíticos, paleolíticos, íberos, romanos, románicos y góticos, y si poseyera un río truchero, dar buena cuenta de él.

Y así, a mi libre albedrío, pasaba felices jornadas con el disfrute del románico, principalmente y demás objetos de mi observación.

Como el casado casa quiere, la que a mi me deparó la banca conservaba una parte antigua, en piedra arenisca, cuya parte baja recorrí por primera vez comprobando que una plancha de hierro frisona, de algo más de un metro cuadrado, descansaba sobre el suelo.

La curiosidad, un día que estaba solo, me llevó a buscar una palanca ad hoc para levantarla.
Bajo sí, se abría un paso cuadrado de unos cuarenta centímetros de lado. Linterna en mano, me introduje en el estrecho pozo, hasta tocar de pies en unos escalones; me agaché y ya dentro, la oquedad de la antigua bodega se hizo visible.

Sobre el suelo unas tinajas vacías, botellas, humedad.

No creo en el destino y menos en las coincidencias, bien lo sabe quien me conoce, más lo que hallé en el suelo de aquella cripta me sumió en una perplejidad de la que aun no me he repuesto.

Era y es una herramienta, que si no me hubiese fascinado el románico, jamás hubiese reconocido: ¡un martillo de cantero¡. Y aquí lo tengo, para quien quiera verlo.

No llegaré nunca a saber, ni probablemente alcanzar, aquel lugar en la lejanía hacia donde mira el pantocrátor, pero cuando estuve delante YO, a quién miró, fue a MI.
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Así fue.....
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Riviere en La Fraga. enero 2009

Publicación 2006
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