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lunes, 10 de agosto de 2009

ESTANCIA VIII

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Penetraron en un imponente invernadero circular donde la paleta de colores y el estallido de fragancias, hacían la atmósfera casi irrespirable. Clara se sintió sobrecogida por el espectáculo que la naturaleza plantaba ante sus ojos y quiso retroceder en un último intento de evitar que los pulmones y sus sentidos le reventaran. Poco a poco fue recuperando el aliento, su respiración recobró el ritmo y allí, al fondo de aquel increíble bosque de geranios de todas las especies, fragancias y colores, descubrió una silueta erguida. Menuda, frágil y casi como un elemento más de aquel inmenso jardín floral, se divisaba la figura de un hombre de mediana estatura, vestido de traje azul marino que portaba una hoja de papel en su mano diestra.

Clara avanzó por la fila central de pelargonios con paso firme y pausado. En su mente se agolpaban ideas viejas vividas en la ceremonia más importante de su vida; aquella en la que un día puso tanta ilusión que jamás pudo imaginar que nada ni nadie pudiera romper. Ni siquiera un testimonio judicial, porque aquel día pertenecía a una expresión del alma y en el alma no manda nadie. Ni siquiera dios, pensaba ella. Le separaban apenas veinte metros cuando un impulso irrefrenable, algo sentido desde lo más profundo de su interior, le surgió como necesidad apremiante y tomando carrerilla se lanzó a un viaje que entendió de pura ensoñación.

Llegó a la altura de aquel hombre y sin mediar palabra, lo abrazó fuertemente, con todo el vigor de su ser y con la entrega más sublime de su intimidad. Hubiera deseado sentir su cintura amarraba por unos vigorosos brazos y sus labios quemándose por el fuego de una pasión incontenida, pero aquel hombre permaneció inmóvil, caído de brazos. Al separarse los cuerpos, Clara fijó sus ojos en los suyos y encontró un rostro inexpresivo, con la serenidad que sólo concede la eterna ingenuidad, y en sus ojos, la tierna dulzura de un trozo de mar.

Como negándose a escuchar lo que su intuición femenina ya había captado, volvió su mirada hacia Jesús.

- ¡ Alzheimer¡- sentenció el joven. - Así permanece la mayor parte del día. Los únicos momentos de lucidez que consigue, los dedica a escribir cartas - prosiguió-. - Rasga cientos de cuartillas emborronadas en una hiperactividad obsesiva, casi frenética, pero cuando ha logrado el texto definitivo, lo introduce en un sobre y, mecánicamente, reproduce la misma dirección y destinatario: A Clara. Luego, cae, nuevamente, sumido en un estado de postración casi letárgico donde la realidad se difumina y sólo es capaz de reconocer, inconscientemente, el olor de cada bancalada de geranios por las que atraviesa en su paseo fantasmagórico. Yo- continuó el joven- me limito a dar el destino elegido por mi padre en cada uno de los sobres que ha dejado dispuestos. Creo cumplir su última voluntad cada día.


Clara sintió que aquellas palabras se clavaban como puñales en su costado. Necesitada de aire, salió por la puerta posterior del invernadero y accedió al Mirador de las Amatistas. El Mediterráneo al fondo y toda la cadena montañosa de origen volcánico de la Sierra de Gata, delimitándolo. Como queriendo encontrar explicación a ese cruel destino, recurrió a los recientes sucesos vividos. No podía dar crédito que el autor de aquellos escritos, de las cartas de la que venía siendo destinataria, se encontrara en aquel estado. De pronto, recordó retazos y todo comenzó a tener sentido para ella: " Aunque nunca serás ni mi dueña ni mi señora..." "....Cuando uno repasa su vida con frialdad, sin mirarla con el signo de lo inevitable, le parece un vestido hecho de harapos, de casualidades frágiles, decisiones leves como zurcidos que diseñan una vida dibujada con la ligereza de una puntada sobre la tela y que, sin embargo, pesa como una piedra sobre el que la ha vivido" .

Pero sobretodo y sobre todos recordó una de las primeras cartas:"... Todos reconstruimos el paraíso donde podemos, allá donde encontramos nuestro propio reino. Uno puede reconstruir su paraíso casi en cualquier sitio, en un pequeño rincón donde nos dejen plantar algunas cosas que arraiguen en nosotros".

Fue entonces, sólo entonces, cuando a su recuerdo acudió aquella otra carta lejana, cuando leyó que el fruto de la pasión realmente era el fruto del olvido, y que Adán y Eva siguen aún en el Paraíso, pero que no recuerdan que lo es. Y al pensar en ello, recordaba los cuentos infantiles, esos que dicen que en realidad son historias de nuestra alma, en los que la mayoría de los protagonistas caen en un letargo tras quedar prisioneros en la trampa urdida, y de la que previamente ya estaban avisados. Retrocedió sobre sus propios pasos, encaró al joven y le dijo de manera enérgica:

- Tu padre no está enfermo. Sencillamente ha encontrado su paraíso.


Tomó entre las suyas las manos de José, dio la vuelta a su dorso y las acarició dulcemente con la mirada. Después, con la convicción de haber tomado la más importante decisión de una nueva etapa en su vida, exclamó: " Definitivamente, el Sur me sienta bien". Y la mirada de aquellos dos seres, se cruzó en un instante que quedó prendido en la eternidad mientras el mar besaba el Arrecife volcánico.

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16 comentarios:

juancar347 dijo...

Lo sabía!. ¿Recuerdas en una de las primeras estancias que te decía que ya me imaginaba más o menos quién era el misterioso escritor?. Tuve esa sensación. Pero jamás hubiera pensado en el alzheimer...Y eso me recuerda, lo espantoso que puede llegar a ser esta enfermedad y la poca o casi nula importancia que le damos cuando no nos toca de cerca.

Malvís dijo...

Bueno, teniendo en cuenta que actuaba bajo la presion de un fans enloquecido que amenazaba con separme la cabeza del cuerpo, habras de convenir que lo del alzheimer se presentaba como la unica alternativa...

juancar347 dijo...

No sé si la única, pero desde luego me ha sorprendido y mucho, aunque me deja una pena tremenda. Qué enfermedad más espantosa...

Malvís dijo...

De cualquier forma, lo que me ha sorprendido de tu seguimiento son dos cosas: Primero, que intuyeras una de las frases que, a la postre, se convertiria en el receptaculo del mensaje final y, Segunda, que adivinaras la identidad del anonimo autor de las cartas, pues yo, viendo el slide que aparece en la Fraga al margen izquierdo, hubiera apostado por el Mongui, que ya aparece con su jardin de diversidad de geranios en el titulo de "El Sueño".

Un abrazo

Baruk dijo...

Realmente la vida te da sorpresas, hoy me acabo de llevar una.

Saludos

esca dijo...

Me has dejado de un aire un poco amargo,alzheimer,jo, el encontro´tal vez su paraiso sus familiares el imfierno
saludos Esca

Riviere dijo...

¡Parezco idiota jod....!Algo tan cercano a la realidad, solamente podía terminar de una manera amargamente real...
Me consuelo pensando que aún conservo parte de aquella candidez que tenía de niño...A pesar de todo,no han podido quitármela los desengaños...
Me ha encantado el relato.
Un abrazo.

Syr dijo...

Bon dia, Baruk. Ya sabes aquello tan manido de que la propia vida es como una caja de bombones, pues nunca sabes lo que vas a encontrar hasta abrirla. Pero tambien, como Clara, es inmensamente hermoso esperar que cada dia alguien te sorprenda durante toda la vida.

Al fin, la mayor sorpresa es esperar que, incluso en mundos paralelos como los de Clara y Jose, un dia pueda existir un jardin de geranios frente al mar.

Malvís dijo...

No hay lugar para el infierno en este relato, amigo Esca. Repara en cada frase de cada carta escrita por Jose a Clara y descubriras el secreto de un inmenso y limpio amor. Repara, tambien, en que quiza en un determinado momento de nuestros dias, quiza alguno de sus parrafos puedan ayudarnos para superarlo. Observa como Clara ha sabido entender el sentimiento de una vida vivida solo desde el interior.

Y en cualquier caso, piensa no en la enfermedad de Jose sino en la capacidad que ha querido transmitirte de que, a partir de ahora, quiza cuando pases junto a una maceta de geranios, ya no te pasara desapercibida ni indiferente, porque, insconcientemente, intentaras buscar su especie y significado.

Un abrazo.

Malvís dijo...

Que siempres conserves esa candidez, Riviere, porque puede que ahi resida la capacidad de ver el mundo de otra forma y encontrar mas facilmente el paraiso de tu mundo personal.

Celebro que te haya encantado. Tambien para mi es un relato muy querido y muy, muy especial y si con el he logrado provocar algun sentimiento, solo por eso ya ha valido la pena publicarlo.

Un abrazo y muchas gracias

Pilara dijo...

Gracias Malvís por el original montaje de relatos que me han guiado, dulcemente, a la reflexión.

No existen los hechos, hay interpretaciones. Reza la máxima ... y a la mínima nos sentimos sólos y abandonados.
Es lo contradictorio lo que marca la existencia , la vida y la muerte, no existiría la una sin la otra...
Llegamos a este mundo desnudos y desvalidos, no sospechamos que no volveremos a estar nunca tan protegidos ... y ligeros de equipaje, un día, solamente partiremos . Quizá volvamos a la sensación oscura y cálida que nos debió envolver cuando fuimos concebidos.
Nos toca afrontar solos las vicisitudes de la vida y sólo las superamos con la esperanza de sabernos acompañados, guiados en las inquietantes tinieblas por la luz del cariño de alguien que te apoya y confia en tí.
Es solos como meditamos, reflexionamos, analizamos... evolucionamos; pero es la fuerza y el valor que se aporta una mano tendida lo que se ayuda a salir de los baches que puedan socabar tu mundo ....

Mundo cruel... ¡¡Será “socabón”!!

Malvís dijo...

Precioso regalo tu comentario, Pilara.

A veces, los corazones se convierten en manos que te abrazan, en labios que te besan en el encuentro y en la despedida o en susurros que te murmuran, dulcemente,la misma maxima: ¡ Sigue¡.

Y si haces caso, superaras obscuros tuneles y profundos socavones del camino vital, superando el terrible olvido al que hubo de recurrir el Jose de nuestro relato.

Un besico

Pilara dijo...

En B.U.P. tenía una profesora que decía que se escribían con "b" las palabras importantes como bondad, deber... yo siempre pensaba, por lo bajini, que burro también...de mayor descubrí su importancia y sé que es elemento imprescindible para poder tirar del carro (a veces hay que ser muy burro para tirar de la vida, que es lo más importante y se escribe con "v"). También puede tirar un caballo que a fin de cuentas también se escribe con "b" .
Cavar es con "v", cóncava como los hoyos que se van haciendo, pero cuando socavan tu mundo te lo ponen todo muy cuesta arriba esos "cabones" y entonces aparece la ortografía psicológica además de que la "v" y la "b" están peligrosamente cerca o a lo mejor es que intuitivamente te sale el aragones donde se caba y se escombra (socava)...
Lo que no sé como explicar es que he cambiado reiterativamente "te" por "se" a pesar de que hay distancia entre las dos teclas y se pulsan con dedo diferente...
¿Será que todo lo desagradable lo pensamos en tercera persona?

Polvorilla dijo...

Cansada del ajetreo escolar, me he dedicado la tarde a leerte. No me ha sorprendido el final, porque no he ido poco a poco, como los demás, leyendo por entregas, para ver qué pasa. Me lo he leído todo de un tirón. ¿Qué extraños sentimientos me ha provocado? El primero sentir el sur, mi sur, al que pertenezco y de dónde me siento. El segundo comprobar que tras esa risilla jocosa y esa maliciosa mirada, se esconde un buen escritor; el tercero sorprenderme por tu sentido de la observación, del parecer que no te fijas y lo llevas "to palante",mientras acabas el purillo,tienes una ingeniosa salida con el de al lado y recorres con el periscopio de tu alma, todos los rinconcillos de los que pareces ajeno, como si no fuese contigo la cosa.
El último, o caballero andante, cuánta ternura, cuánto amor y cuánto gozo puede transmitir un leguleyo. ¡Grasias!

Malvís dijo...

Gracias a tí, entrañable Polvorilla. Gracias por leerme. Gracias por sentirte tan nuestra. Gracias por la valoración que merece mi escrito a alguien que ha vivido y vive bajo la humilde sombra de un gran escritor consagrado. Gracias por mirar, de modo franco y profundo, ésta mirada miope y estropeada. Y gracias, en fin, por penetrar en la ternura que no es patrimonio, sino fruto de de haber tenido la suerte de rodearme de gente tan maravillosa como vosotros.

Anderea dijo...

Sí, son personas maravillosas y te quieren, Malvís. Me parece una suerte merecida.


Publicación 2006
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