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lunes, 24 de septiembre de 2018

BANDERAS AL VIENTO.




Nos hacían besarla, subirla y arriarla a la entrada y salida de la escuela. Nos hicieron jurar una bandera que el tiempo cambió sin reparar que era como besar a otra novia. Inconscientemente, fueron ellos los que introdujeron en nuestra alma la posibilidad de la promiscuidad, y cuando ésta se instauró en todos los países, naciones y pueblos, aquellos mismos intentaron reprimirnos decretando una Ley que restableciera obligatoriedad y orden de preferencia sin comprender que la nuestra, la que nuestra infancia defendía con ardor guerrero hasta la extenuación y el descalabro de la pedrada de la honda de esparto en la cabeza, era la de la calavera con dos tibias cruzadas.

Enarbolando la bandera pirata surcamos mares de rastrojeras abrasadas donde los únicos milagros de humedad brotaban de las lágrimas de los ojos de los burros de los segadores en los que las mariposas, sedientas, bebían.

Si los chicos de mi generación se raparan todos a la vez la cabeza, no solo batiríamos el record Guinnes sino que demostraríamos al mundo con las cicatrices de las brechas cosidas con puntos de sutura, el más fiel juramento que jamás puede hacerse a una bandera.

Éramos alondras que, incontaminadas, buscábamos los lavaderos y las plazas donde sujetar el agua para bañarnos y jugar a la rueda para oír el canto de las muchachas; olíamos a paja y heno tibio nacidos del aliento de las bestias, no conocíamos mojón ni frontera y nuestra patria era la alegría de cada primavera, de cada día. Avanzábamos en manada en pos de conquistar un desvarío desplegando todas nuestras banderas del odio distendido. Hoy, frente al televisor y ante el juez, no es posible la fábula. Yace amortajada la ironía.

Y aquella generación, en nuestras cotidianas guerrillas, sólo tuvo por bandera la camisa sudada de nuestro amigo de pandilla.



4 comentarios:

Mara dijo...

Qué piratas tan formidables!

Donde hubo fuego...

Mara dijo...

Es difícil saber lo que se muestra bajo tus palabras, Malvis.

SYR Malvís dijo...

Fácil, para todo aquél que tenga su alma vertida como bandera al viento.

Mara dijo...

"Hoy, frente al televisor y ante el juez, no es posible la fábula. Yace amortajada la ironía".

Esto es lo que me resulta críptico.

Y por empezar por alguna parte, ni siquiera sé qué es el alma. En mi vulgaridad solo me suena estar animada o desanimada.

Espero que tener el alma vertida como bandera al viento, Malvís, no sea algo malo para ti en este momento. Una esperanza desde la sencillez y la ignorancia.

Que sea un buen día.


Publicación 2006
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